miércoles, febrero 01, 2012

Final del viaje

Existen las playas, los lagos, los ríos, el mar, las montañas, las ojotas, los vestidos cortos y con muchísimos colores, el placer del agua fresca en los pies después del apuro de las plantas contra las piedras calientes, la malla preciosa que finalmente conseguí y el encanto de sacármela al final de la jornada de sol, los días nublados para salir a pasear, los helados a la tardecita, las polleras floreadas, las cervezas con tantas risas, los aros colorinches, el poquito de delineador que basta cuando ya no tengo color a ratón de invierno. Existen los desayunos compartidos casi a mediodía riéndonos de todo, preparar el café con leche descalza, bailando y sonriendo mientras el resto termina de desperezarse, poner las muchas tazas en fila y hacer una parva así de tostadas y preparar la mesa y sentarnos a disfrutar de todo y planear apenitas el resto de la jornada. Existen los autos y los viajes y las rutas y el tercer o cuarto termo de mates desde que arrancamos y las miles de pavadas que podemos conversar mientras los paisajes cambian. Existen los días que terminan recién cuando amanece el siguiente y la sensación de flotar en el cuerpo por haber dormido tan poquito y estar disfrutando con tal desparpajo. Existe esta sensación de que el mundo, a pesar de los otros y el infierno que constituyen, puede ser un lugar maravilloso. Existen las noches fresquitas de aire serrano y mi casa, mi río, mi lugar en la mesa, mi piedra, mi pieza, mi cama, mi mate y el único lugar en el que me pongo así de posesiva, quizás por ser el que más propio siento.

Existiendo todo eso,
¿quién me convenció de volver a estas ciudades, a estas ocupaciones, a estos zapatos, a esta rutina?


viernes, enero 27, 2012

Acotate, Café

Soy excesivamente memoriosa.

No puedo darme el lujo de ser rencorosa.

martes, enero 24, 2012

Incompatibilidad de caracteres

Era clarísimo que no iba a prosperar.

Bastaba con observar que él quería ser cuentito y ella pretende ser canción.



sábado, enero 21, 2012

Los duraznos no son pelones

Lara: Es que me la ponen y se me hacen novios.
Es que no puedo tener simplemente chonguitos con los cuales pegarnos unos revolcones. Es que no puedo ser todo lo facilonga que me gustaría porque una puede ser un poquito atorranta y sacarse la bombacha con muchos…
Pero si algo que no puede, porque no hay cuerpito que aguante, es tener muchos novios. No se puede estar cuidando a tanta gente, atendiendo sus caprichos, mimando sus egos, reparando en sus obsesiones y satisfaciendo sus fetiches.
¡¡¡De verdad que no puedo!!!

Café: Eso se resuelve mucho más fácil de lo que vos pensás.
Dejás de atenderles los caprichos y santo remedio, pero desde el primero, eh.
¡¡¡¡Ellos se te hacen novios porque vos no podés tratarlos de otra manera!!!!
(Igual, eso no implica que tengas que querer tratarlos de otra manera)
¿Es un chongo?
Un chonguito no tiene ego que merezca ser mimado,
como mucho tiene destrezas amatorias para ser destacadas pero nada más.
Un chonguito no tiene obsesiones que deban ser reparadas,
como mucho alguna que otra maniíta sexual que pueda ser contemplada.
Un chonquito no tiene corazonito que deba ser cuidado,
como mucho un par de oídos ávidos de elogios a sus virtudes amatorias.
La parte de los fetiches... mientras te copen, vos dale!

Lara: Claro.
Se me hacen novios porque yo no puedo tratarlos de otra manera…

Café: Es así.
Casi siempre es acción-reacción.

Lara: Después cuando me comporto como una novia, se hartan.
¡¡¡¡¡Estamos fregadisimas!!!!!
Igual, hoy LOS CULPO A ELLOS.
TODOS PUTOS..
Permitanme hacer la gran S: “mi problema es que soy muy buena con los tipos… y que ellos son todos putos”

Café: Pero seh, meamor.
Hoy es todo culpa de ellos.
De hecho, siempre lo es pero como somos tan, tan, tan buenas
a veces hacemos el intento de pensar que no.

Ojo, igual.
Que lo de ellos sea una reacción a tu acción no significa que tu acción sea mala. También podría, alguno, alguna vez, ser mejor persona y reaccionar diferente, ¿¿¿no???
¿Acaso nosotras no lo hemos hecho?
¿Acaso nosotras no aprendimos a no esperar el llamado después?
¿Acaso nosotras no entendimos que lo que dicen en pelotas mientras están garchando no es real?
Si nosotras aprendemos a reaccionar diferente ¿¡¿¡por qué ellos no?!?!
Putos, todos.
Y, por otro lado (y la hago corta porque sino me voy de mambo en serio)


Si te gusta que te traten como novio...
pagá el precio, ¡cagón!

miércoles, enero 18, 2012

Complicado esto de la autocrítica


De los muchos hermanos y hermanas de la Abu yo conocí sólo a algunas. Cosa extraña esto de tener el mismo origen y ser tan diferentes. A veces pienso si con nosotros pasará lo mismo. A primer golpe veloz de memoria podría mencionar a la que se maquillaba muchísimo, a la que nos contaba chistes no aptos para todo público cuando éramos niños, a la que fue abducida por un objeto volador no identificado que la llevó al sol central y a la que leía las manos.

Pero esta tía abuela no era bruja ni gitana. No auguraba eventos ni vaticinaba el futuro. Ella aseguraba que en nuestras manos están impresas todas nuestras cualidades y afirmaba que podía conocernos a través de las líneas y las marcas y los gestos y los tantos indicios que nuestras manos brindaban a su ojo experto. Jugábamos a creerle. Porque nos gusta mucho jugar, porque era una belleza de persona y porque la Abu insistía con que eso mucho no le gustaba y era una forma divertida de hacer renegar a las hermanas.

Hace un par de años, adultos ya, nos persiguió a Hermana, a Novio de Hermana y a mi hasta un rincón del patio a resguardo de escépticos. Nos frenó después de la curva y nos dijo que ahora que ya habíamos crecido nos quería leer las manos realmente, esa sola vez, porque, quizás, podría ayudarnos en algo. Como para que no dudemos de su palabra, empezó con Novio de Hermana, a quien no había visto antes. Acierto tras acierto, pensamos nosotras dos, sin hacer un solo gesto, al escucharla. Siguió con Hermana y después me pidió a mi que extienda la zurda.

Sentenció características de mi personalidad que ya conocíamos, descubrió en algunos recovecos partecitas de mi que venía negando, cobijó con palabras algunas condiciones un poco maltratadas de mi misma y cerró con lo que, según ella, era el mejor consejo que podía dejarme. Vos tenés los dos, dijo. El don de la palabra y el don del silencio. Es importante que aprendas a usarlos a ambos. Podés hacer mucho bien pero también causar demasiado daño.

Pensé en una frase berreta de película del hombre araña, pensé, también, que ella jamás la había visto. Pensé que todos tenemos esas condiciones. Pensé que seguramente no era tan buena ni para lo uno ni para lo otro. Pensé que no era importante esa parte de la charla. Pensé que ni siquiera me conocía tanto. Pensé que una cosa es hablar hasta por los codos y otra tener el don de la palabra. Pensé que las pausas son constitutivas de la vida. Pensé que no podía decir ninguna de esas cosas. Sonreí, agradecí y volvimos a la ronda de mates.


Recién ahora creo entender cabalmente ese consejo.

Recién ahora.

lunes, enero 16, 2012

Consecuencias de tu impunidad al hablar

Tengo que ir hasta las trompadas conmigo misma
para descifrar lo que sé que debo entender
cada vez que pronunciás palabras preciosas
escondido detrás de esa boca fabulosa.

viernes, enero 13, 2012

Desde el renacimiento


Nene, por favor.

¡Esas tres historias
son la edad media de tu vida amorosa!


jueves, enero 12, 2012

Antítesis

Soy de estas personas que
nos vamos cuando entendemos que hemos sido echadas
y no volvemos ni aunque nos llamen.

miércoles, enero 11, 2012

Portfolio RCH

Dale,
me encantó,

nos cumplamos esas fantasías.


Yo me pongo la pollerita a cuadros
y el portaligas
y la camisita
y todo.

Yo me visto de colegiala.

Y me desvisto
también.



Y vos disfrazate de petiso reventadito.



Ok.
No.
Mejor.

Disfrazate de dos petisos reventaditos.






Es que, a veces, no es una soga.

lunes, enero 09, 2012

Mucho más que un río en Egipto

Y lo sabés, o deberías haberlo sabido. Al menos tendrías que haber notado las claras señales, los indicios, las pistas. Cuando te encontraste toda oscurita pensando que el mundo apesta. Cuando volviste a llorar como una criatura ante una noticia que, francamente, ni siquiera es relevante porque no cambia casi nada de nada a esta altura. Cuando te encontraste tipeando una seguidilla de párrafos de muerte. Cuando moqueaste como una marmota con un par de episodios de la eterna excusa para llorar. Cuando pensaste, chispa que sos, que un puñado de películas berreta y cualquier cosa con chocolate te podían hacer sentir mejor. Tendrías que haberlo entendido porque estás grande, nena, y parece mentira que sigas sorprendiéndote por las mismas cosas. Deberías haber al menos sospechado que era momento de mirar un puto almanaque.

Che, piba, la negación tiene su límite.