Lo junás (porque ni haciéndote la linda podrías decir que lo conocés) de cuando vos eras nuevita en la secundaria y él era uno de los pibes más lindos del último año. Recreos enteros de suspiros le dedicaron tus amigas al amparo de algún rincón de la escuela. De repente, digamos quince años después, te lo cruzás en una esquina cualquiera un viernes a las 8 de la mañana. ¿Quién es ese flaco? ¿De dónde tengo yo esa cara? Sí, sí, tu cabecita maquina. Cuando finalmente unís nombre, persona y recuerdo tu media sonrisa dice carajo, que mal lo están tratando los años a este muchacho.
Nena, no te hagás la superada.
¡¡¡Todos sabemos que no pudiste evitar controlarte a vos misma en la próxima vidriera!!!
Dale, si se cuenta que en tus épocas de teenagers* has bailado esto.
(¡Y se rumorea que te sabés toda la letra!)
¡¡¡Todos sabemos que no pudiste evitar controlarte a vos misma en la próxima vidriera!!!
Dale, si se cuenta que en tus épocas de teenagers* has bailado esto.
(¡Y se rumorea que te sabés toda la letra!)
* sí, sí... mis asaltos o matines se llamaban así. Creeme que yo no tuve nada que ver.
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