Que la temperatura estuviese apenas unos grados más arriba y que estos mates con tortitas negras, en vez de sola y en la oficina, fuesen en ronda, en la plaza, sentados en el pasto y muriéndonos de risa de esos argumentos que sirven para cerrar cualquier conversación.
¿Por qué era que no podíamos vivir de fin de semana?
Una:
¡ah! Y se sabe de memoria
parlamentos de Dirty dancing.
Otra:
¿por qué?
Una:
la vio muchas veces
porque es fan de Patrick
Otra:
¿qué?
Una:
eso, que me dijo que le gustan
las películas con Patrick Swayze.
Otra:
vos sabés que ese dato
lo puedo acomodar a lo que necesite,
¿verdad?
Una:
¿Cómo?
Otra:
Claro, ahora que nos cae bien te puedo decir: la tiene tan clara que puede largarte un
me gusta Patrick Swayze
sin que le tiemble el pulso, ¡es un groso!
pero en cuanto se mande alguna pelotudez
se va a transformar en: ¿Y qué querés?
Si le gusta Patrick Swayze
¡y te lo dice!.
Todo lo que diga podrá ser utilizado en su contra...
¡pero dígalo igual!
Él no tiene idea y me pregunta. No entiende, no tiene como saber porque esa historia sucedió durante una pausa y nuestros paréntesis son así. Completos. Concretos. Absolutos. Un saludo por algún cumpleaños, un meneo de manos al cruzarnos en una esquina, un prolijo intercambio de palabras al coincidir en un club o una escuela . Pero todo, siempre, con absoluta diplomacia. Hay un acuerdo tácito. Los dos controlamos el abrazo postergado hasta que el momento sea el adecuado pero ambos cumplimos con el saludo protocolar. Ay, que dolor de cuerpo y de espíritu el día en que prefirió mirar el suelo y esquiar mi vista. Ay, que atrocidad la mía cuando necesité un paréntesis y no avisé de buena manera.
Nos costó media vida aprendernos y nos enseñamos tanto el uno del otro que parece mentira que hayamos tenido varios intervalos. No entiendo cómo funciona, me dijo una amiga hace años. Yo tampoco comprendo, sospecho que él no tendría respuesta. Eso sí. Hay un par de elementos fundamentales. Nos queremos desde la primer sonrisa, nos abrazamos mucho y bien, hemos hablado todo y más, desde diferentes lugares hasta que dejó de doler y estamos ahí, todas las veces. Aún cuando no nos vemos estamos, los dos, a una llamada de distancia.
Y si nos hemos perdonado tanto,
podemos disculparnos mucho más.
["El humor es el sabor a frutilla o naranja del jarabe"
Roberto Fontanarrosa]
Esa: ¡pero qué pelotudez! Si la única irregularidad es que el pibe tiene seis dedos en cada mano, ¡está buenísimo! Uno: y, alguna utilidad tiene que tener... Ella: pero sí, imaginate, para concertista de piano corre con ventaja... Esa: o para carterista... ¡te afana los dos bolsillos con una sola mano! Otro: pero si tiene seis dedos en cada mano y es enano se complica. Otra: bueno, ¡lo mandás a robar zapatillas! Esa: te descalza a todo un tren en dos minutos. Otra: ¿se dan cuenta? si un día tengo un hijo me va a salir enano. Esa: ya fue, me lo dejás a mi y yo lo crío. Otro: ¡y más si tiene seis dedos por mano! Aquella: o, sino, no tengamos hijos porque lo que es yo, con la mala suerte que tengo... Esa: a vos te salen trillizos y con los bracitos mal puestos. Otra: uno con el brazo derecho así, otro con el izquierdo así y el otro con los dos así, como el chiste del genio de la lámpara. Aquella: ¡es cierto! y ni siquiera se los voy a poder dejar a Esa para que me los cuide. Esa: no, yo voy a estar criando al enano. Uno: bueno, pero los podés presentar a un concurso de fenómenos y capaz que ganan. Una: ¡aunque sea de lástima! Esa: el problema es que de premio te van a dar un perro... Otra: con tres patitas. Aquella: y voy a tener que cuidar el perro rengo, también. Uno: ¡que ni siquiera te sirve para tirar el trineo! Esa: y te quiero ver a la hora de meterlo a todos en el auto... Otro: difícil va a estar para poner la calco de la familia en la parte de atrás del auto. Esa: vas a tener que pedir que te la hagan personalizada. Otra: ¡¡un Picasso vas a tener que pegarle al auto!! Esa: sí... ¡el Guernica!
¿Cómo era eso de usar el humor
para espantar a los demonios?
Y tengo un día complicado y quiero que me quieran y camino mucho y despejo la cabeza y tomo mares de mates y recibo noticias maravillosas y me emociono entera por las emociones ajenas y preparo una comida rica y la comparto y descorcho un vino y brindamos y me cuesta horrores dormirme y pienso que mi cabeza no se va a callar jamás y palmo y me despierto con pereza en cada milímetro del cuerpo y no me quiero despegar de la cama no me quiero levantar no quiero salir al mundo no quiero que no haya sol no quiero que el día empiece y el muy jodido llega igual y aparece nublado por si fuera poco y lleno de responsabilidades y de horarios y de teléfonos que suenan y de gente que habla y de voces que piden y de correos que reclaman y de recordatorios que chillan y pienso que el universo se está tomando revancha de manera despiadada y me siento un rato y despierto a la pc y no quiero que empiece a pedir no quiero que vuelvan a solicitar no tengo ganas de que insistan y aparece una amiga que saca lo mejor de mí y lo sabe y resurge un amigo que ve lo mejor de mi y lo cuenta y nos queremos y nos mimamos y nos abrazamos a la distancia y vuelvo a tomar mates y me sonrío entera y vuelvo a tener ganas de respirar a pecho lleno cada vez.
No sé cómo hacen para quererme
pero entiendo perfectamente todo lo que los quiero.
Una:
Decía soy feo y no tengo auto amigo de la minas me rechazan.
Uf. Me deprimo de pensarlo.
Pero capaz que terminan haciendo un pacto suicida
¡y funciona!
Otra:
Dios mío.
Es peor porque ni siquiera es un digno pacto suicida.
¡¡Son el Al Qaeda del sexo!!
Nos van a trasformar en barbies a todas.
De verdad, para garchar con eso,
prefiero comprarme un delfincito loco
en un sexshop berreta de once
Una:
Chuuuiiiii.
Igual, acá hay algo que está claro.
Con la misma intensidad con la que prefiero matar a Arjona
y a su imitador antes de volverme barbie,
¡¡¡¡¡prefiero convertirme en barbie
antes de volver a garchar con un tipo de ese grupo!!!!!
Otra:
Si pero eso es un segundo momento.
Lo primero que te pasa es que se te cierra todo.
Despues pensas no mejor lo mato a él.
Pero no descartemos el delfincito loco...
Una:
Dejame de joder
Me vuelvo barbie y listo.
Garchar con tipos así no justifica el control anual.
Lo juro.
Otra:
No, de ninguna manera.
Una:
De hecho, si garchás con tipos así,
¡el control anual es tu mejor momento!
Otra:
Jajajajajajajajajaja
Me costo pero lo entendí.
Con lo de control anual al principio
entendí eso de controlar nuestra pulsión homicida...
¡¡¡Pero vos te referias al espéculo!!!
¡Ah! jajajaja ¡hoy estás desatada!
Una:
No, en serio,
que la toma de muestra para un pap
sea el momento más erótico del año
es tristísimo.
No mi boca ni las palmas de mi manos. Sólo mis dedos. La punta de mis dedos. El lugar más sensible de la yema de los dedos de mis manos despabilando tu cuerpo entero. Cada milímetro del contorno de tu oreja izquierda, la línea exacta a ambos lados de tu cuello que los lleva hasta tus clavículas, cada poro del filo de tus huesos, del contorno de tus brazos, del espacio que separa tus propios dedos. Mis dedos suaves recorriendo palmo a palmo las crestas de tu columna, el borde de tus omóplatos, los costados de tu cuerpo, el espacio entre cada costilla, tu pecho, las cosquillas alrededor de tu ombligo, los costados de tu cadera, tus piernas apenas tensas, lugar preciso del revés de tus rodillas. Los dedos de mis dos manos separándose para deslizarse por tus pantorrillas, encontrándose otra vez cuando alcanzan tus tobillos, rozando apenas la planta de tus pies y desandando sus propios pasos. Mis dedos acariciando toda tu piel, descubriendo como cada fibra de tu cuerpo reacciona, se tensa, se eriza, se despierta.
Mis uñas están pintadas de rojo.
Mis manos parecen dos puñados de fósforos.