Si notás que él no se da cuenta por iluminación divina de cómo viene la cosa, si ves que le pone onda pero no conoce los lugares exactos, ni la manera precisa de generarte ese placer que ambos buscan...
¡decilo, mujer!
Que una siempre puede encontrar la forma, que él no tiene como cuerno saber qué te transporta, que por algo están los dos ahí y que, en el peor de los casos, si se ofende y se va lo mejor es saberlo lo antes posible.
Mi colectivero estrella tiene complicaciones laborales. Está renegando mucho, está en pie de guerra y no le gusta y no le hace bien para nada. Durante media hora charlamos del tema. Me dijo que lo que más bronca le da es que renegar tanto con el trabajo lo deja cansado para disfrutar de las cosas buenas de su vida.
La segunda mitad del viaje me sometió a un test. Estaba determinado a encontrar las causas de que yo esté sin pareja. Preguntas simples y respuestas concretas hasta que casi llegamos a destino. Cuando faltaban algunas cuadras dejó de preguntar y me dio el resultado-diagnóstico.
Aparentemente no soy histérica ni fanática ni celosa ni dependiente pero me cuesta imaginarme en pareja, no sé aceptar cumplidos y estoy siempre a la defensiva. Guardá la espada, son otras las cosas por las que hay que amurallarse me recomendó justo antes de abrir la puerta para que me baje. Caminé pensando. Encontré la solución para los conflictos de Miguel.
¿Conocés al director o directora de alguna revista femenina?
versión de La Charranga
Crece desde el pie, musiquita, crece desde el pie uno, dos y tres, derechita, crece desde el pie.
Crece la pared por hiladas crece la pared crece desde el pie amurallada crece desde el pie.
Dentro de su lata la mata crece desde el pie crece desde el pie la fogata crece desde el pie.
Crecen los mejores amores crecen desde el pie para sus colores, las flores crecen desde el pie.
Crece desde el pueblo el futuro crece desde el pie ánima del rumbo seguro crece desde el pie.
Cantan para usted los cantores crecen desde el pie un poco de fe y los tambores pueden florecer.
Crece desde el pie la mañana crece desde el pie el sonido de la campana crece desde el pie.
Crece desde el pie la semana crece desde el pie no hay revoluciones tempranas crecen desde el pie.
No olvides que el día y la hora crecen desde el pie después de la noche la aurora crece desde el pie.
Viste como es esto. Yo le regalé una canción que le gustó (bueno, ya le gustaba pero yo no sabía). Él, Uno, se inspiró y me regaló un texto a cambio de que yo le ponga la voz y la música. Me pareció tan lindo que ¿cómo resistirme a contar algo tan precioso?
Ahora te lo regalamos a vos. Escuchalo.No te quedes sin el placer de Duo Coplanacu cantanto Mientras bailas
Poder apreciarlo, ver pequeñas luces juntas, titilan y se juntan, bailan, se mueven y despliegan la irresistible sensación de quedar pegado a su sonido.
Un café, dos o tres, anécdotas y de vuelta a empezar. Dolor, fuerte olor a jazmín precipitan las lágrimas. Sonrisas y recuerdos, montaña y riacho. Letras sueltas, cortes, kilómetros y silencios, mientras tanto, mientras tanto se sigue bailando.
Tus pequeñas luces se agrandan casi como para pegarle a la luna, no hay más viento ya, sopla calmo, casi un desliz para dejarte ser, para saber que tu vestido también tiene que bailar.
Que perfectos ojos pequeña luz, que perfectos son cuando al cerrarse se transforman en ese gris que todas las flores merecen tener.
Yo te pido que sigas bailando, que tus volados no merecen dejar de moverse y que los que formamos el círculo alrededor tuyo no queremos dejar de hacerlo.
Que envidia siente el sol de no poder participar de tus vuelos, esta deseoso de que este baile se extienda hasta el amanecer para poder espiarte, verte bailar, verte bailar y bailar y...
Las luces del fogón se van apagando, aquellos del círculo se van yendo, yo me quedo mirándote, sonriendo, el viento invita a la retirada, la zamba sigue de fondo inquebrantable, seductora casi obligando a que tus caderas y tus brazos sigan bailando y soñando.
Mis ojos se cerraron para hacerme dormir, es casi imposible no seguir soñando.
Hoy quiero. Quiero que sea capaz de mirarme así y de sentir y pensar estas cosas cuando me mira. Y que sea capaz de decírmelo de alguna forma y, entonces, ¿cómo no dejar caer mi ropa en un rincón de su guarida? Hoy quiero ser para alguien lo que Ana para Jorge.
Ana, qué no daría yo por ver un día tu ropa en un rincón de mi guarida formando un banderín multicolor, junto al atuendo de este servidor.
Por verte, Ana, tocar mi corazón, yo cambiaría de esta misma canción la melodía por complacerte, Ana. Entro en tu cauce y suelto el timón, me dejo ir río abajo, rumbo a tu corazón.
Ana, por qué rendija entró tu primavera, que luna habrá la noche que me quieras brillando en la ventana.
Entonces, después de todo, pienso que sí, que soy mujer y soy piba y que eso no tiene nada que ver con nada. ¿Te molesta? ¿Te incomoda? Ay, qué pena. Y me levanto un ratito antes y me pongo los zapatos que más adoro y ropa que me guste mucho como me queda y un par de aros nuevos y me acomodo un poquito el pelo (y sí, sigo siendo yo) y salgo al mundo.
Entonces, vení que el mate está listo, hay facturas para acompañar y el clima todavía no maltrata. Vení así nos reímos un poco de todo y de todos y jugamos a que nos rateamos del secundario otro rato y después, recién después, empezamos el día.
Hoy estoy absolutamente girly girl. Tanto, que no dejo de bailar esta canción
I'm a bitch, I'm a lover I'm a child, I'm a mother I'm a sinner, I'm a saint I do not feel ashamed I'm your health, I'm your dream I'm nothing in between You know you wouldn't want it any other way
Yo sé que soy una boluda. Lo descubrí solita y todos los días doy sobradas muestras de ello pero hoy más. Esta jornada estoy tan boluda que ya no se soporta. Entonces, considerando que repetírmelo desde adentro ya no me sirve necesito que alguien, desde afuera, me lo diga clarito. Sucede que la gente que me rodea no se resuelve a mirarme a la cara y ponerlo en palabras. Podría llamarse piedad o compasión pero hoy no me sirve. Es menester que me hagan saber lo boluda que soy.
Confío en que vos vas a encontrar la forma, más o menos directa, más o menos ingeniosa, lo mismo da, de hacermelo saber.
Mirando desde afuera uno diría que es más lo que se dañan que lo que se sanan. Es fácil pensar que ella lo culpa por errores ajenos, que él no se resuelve a pensar (en serio) su vida para adelante, que ella pone cada vez más distancia (real y de la otra) entre ambos, que él no aprendió a leerla y a quererla como ella necesita, que ella jamás va a poder estar tranquila y confiar sin más, que él no puede tener mucho más margen para tolerar escenas de celos y desplantes y teléfonos revisados.
Y la realidad es que todas esas cosas suceden, mirando desde afuera pero si uno entra un ratito... porque son así, dos personas hermosas. Son buenos y gentiles y compañeros y atentos y peleadores y abrazan maravillosamente y siempre roban una sonrisa (cuando no una carcajada) y siempre tienen un lugar para que te quedes y un plato para alguien más y una botella de vino por descorchar y una pila de anécdotas para compartir y un montón de retos pendientes que terminan encontrando el momento y una parva de consejos de los buenos (esos que dan las personas que nos conocen mucho y nos quieren bien).
Decía, entonces, que si te quedás un ratito mirando de cerca descubrís que todas esas cosas que parecieron principales y terribles desde afuera poco tienen que ver con el mundo de ellos dos. Ellos discuten llamativamente pero también se hablan y se escuchan y se disculpan y se perdonan y se comprenden y se abrazan y se besan y se mueren de amor y se confiesan la falta que se hicieron y se miran profundo a los ojos y se piden mutuamente que nunca más discutir así y se reconocen que ya ninguno quiere vivir sin el otro.
Ellos se pelean, sí, pero también están ahí, todas las veces, esperándose para reconciliarse.
Toda la sal todo el azúcar todo el vino toda mi vida, solo deseo vivirla contigo.
Llorar desde el fondo mismo de mi persona. Sentir que las lágrimas brotan desde los talones y me recorren entera, íntegra, cada recoveco de este cuerpo que habito. Dolerme cuando se amontonan acá, en el pecho, en la esencia de esta persona que habita mi cuerpo. Notar los ojos secos y ardiendo y los párpados como arenas hasta que brotan estas gotas saladas que procuran, ilusas, limpiarme desde adentro, arrastrar la pena y el cansancio como un río montañoso en plena creciente. Y toda mi cara se transfigura.
Llorar con la nariz colorada, desfigurada, con los ojos desencajados, con la boca rígida, con los pómulos ardidos y las mejillas doloridas de masticar angustia, con la frente apesadumbrada, con las cejas desdibujadas y los tendones del cuello maltratando la piel. Llorar toda la pena y el dolor y la angustia hasta que todos mis rasgos empiezan a recobrar su forma, su modo habitual y sólo quedan las lágrimas. Como el agua limpia que corre por la calle después de una lluvia intensa.
La calle cambió su trayecto y no vuelve, las normas distintas son días sin verte. Perdí las señales, los horarios, los trenes. Nostalgia es el verbo que piensa en tu olor.
Y te echo de menos, de menos, de menos, espacio vacío de mi corazón.
Cuando lo único que se te ocurre es escribir, decir, contar y cantar antojos de cosas para hacer con él y las horas pasan en recordar los días, las frases, los lugares, los gestos, esforzarte por pensar en otra cosa es realmente inútil.
Lo miro y reconozco que no es lindo, no según los parámetros sociales aceptados de belleza. Es tímido, torpe, complicado al hablar cuando se pone nervioso, parco la mayoría de las veces.
Lo miro y reconozco que tiene una voz agradable, movimientos armoniosos, un gesto casi siempre calmo en la cara, en los ojos, conceptos que comparto, ideas interesantes, un sentido del humor graciosísimo, una sonrisa adorable y un montón de canas tempranas que le quedan preciosas.
Lo miro y reconozco que es una suerte que trabajemos en áreas diferentes y nos veamos unas seis veces al año. Del mismo modo que es perjudicial para mi imagen pública que dos de esas veces hayan sucedido en la misma semana.
Lo miro y reconozco que podría enamorarme de él un día cualquiera después de un café.
Mujer que no tendré, que no adivinarás mis buenas luces. Mujer que no tendré, que nunca sufrirás mis malos ratos.