jueves, mayo 03, 2012

Charlas sobre el mantel

El flaco está complicado. En su cabeza está complicado. En la realidad las cosas se le presentan tan claras que dan pavura pero, por supuesto, no le resulta para nada fácil tomar decisiones. De repente se estampa de nariz contra esa posibilidad. Así, sin previo aviso, cuando ve disminuir la cantidad de materias pendientes de su carrera hasta un número casi inexistente lo apabulla la arrasadora sensación de que todas las decisiones son posibles. Cree, de golpe, que todo puede optarlo, que todo puede cambiarlo, que todo puede elegirlo, que todo puede adecuarlo y le encanta esa idea tanto como lo aterra. Eso sí, es mucho más fácil ver las cosas que nos gustan que mirar de lleno a los ojos a las que nos asustan, entonces, aunque sea por un ratito, las ponemos en otro lado. Escucha ruido, un barullo que lo aturde, un descontrol de sonidos que lo ensordecen y, como si existiera, busca un origen único y definido. Le pone nombre. Le pone exactamente el nombre, la edad, las ilusiones y los desaciertos de su pareja.

La mesa se convierte en un revuelo de voces. Aparecen palabras como amor, como soltería, libertinaje, crecer, cambiar, compartir, convivir, viajar, los amigos, tres meses en Europa, frenos, imposible, conceder, elegir, abandonar. Como el resto de los presentes lo conocen más, me habla a mí. Dice que se enamoró, con cara de nene asustado y cuando escucha su propia voz, retrocede en la frase y la reformula. Y las dos veces suena sincero, y en ambas confesiones resulta convincente. Reniega conmigo, con mi postura sobre mi misma. Considera que tiene que explicarse y se explica. Supone que debe desafiarme y dispara. Sospecha que puede distenderse y se distiende. Me sonrío, me río a carcajadas, le aclaro que a mal puerto vino por palos, le cuento dos o tres ideas que me ayudan a llevar mi vida de todos los días, descubre que tenemos la misma edad y enfoca aún más en lo que postulo. Vuelvo a reír y antes de que cambiemos de tema aclaro que ojo, que para mí, que allá él con su vida. No resuelve si debe acotar algo más y no acota.

Los comensales empiezan a retomar sus actividades. Las sillas van quedando vacías. La conversación viaja a la deriva por diferentes tópicos. El postre se termina, el tiempo se acorta, los sonidos se callan y, finalmente, los que quedamos emprendemos camino. Vamos presentando los últimos argumentos en los cuatro pasos finales y, una vez en la vereda, aparecen los claros gestos de despedida. Cada uno enfila para su lado y tres trancos después, gira, me llama, me mira y me agradece. Sonriendo. Genuina y gentilmente me agradece. Fijate, le prevengo, no es que te recomiende encarar tu vida como me tomo yo la mía. No, no, aclara, no son los consejos los que me hicieron bien, es que me diste alegría.

Pocas veces en mi vida me sentí tan elogiada.

9 comentarios:

Mista Vilteka dijo...

Uy sí, en definitiva es mejor hacer que uno no ve los miedos -como las obligaciones- y quedarse bailando en la pachanga con las gracias y el ocio.

Hay algo que me inquieta, ¿por qué debe explicarse? Mejor dicho, ¿por qué siempre este ademán de justificar lo que nadie ha pedido ser justificado? Y es que con posturas claras, todos se disculpan ante el universo y porque sí.

Yo también creo que vale más pasarla bien, que tomar una decisión correcta.

¡Muy chévere!

Saludos pues.

F.

Lara dijo...

Yo te lo digo siempre ... pero claro.. como ahora te lo dice un señor...!!!!

Etienne dijo...

Das alegría, das vida. Aunque a veces también está muy bueno que alguien te brinde eso a vos!!
Besos!!

Vale dijo...

La última vez que me pasó eso, el final fue otro: cada uno siguió caminando para su lado, no hubo agradecimientos, ni nada más. :(
Tuviste suerte!
Buen finde :)

Cinty dijo...

Que lindo cafecita, me alegra mucho leerte así!!


Igual coincido con Larita esta vez...


Besote y buen finde para vos :)

La Criatura dijo...

yo también siempre se lo digo, pero claro, como soy una criatura...

un gran relato, café

Ceci dijo...

Que bonito!
Esas crisis existenciales creo que todos las hemos pasado.

Definitivamente es bonito encontrar a alguien como tu que escuche, a veces solo eso necesitamos.

Que la pases bien!

mai dijo...

Aaaaay así no vale, yo tamb se lo digo vía blog JUM



(jaja si, menojé un momento pero ya se me pasó :P )


Que lindo que nos digan cosas así, contagian un poquito de esa alegría.. además entre tanto mundo acelerado, enojado, molesto, ciego, ruidoso, que lindo el gesto de que alguien se detenga un segundo a decirle al otro "me hiciste bien" :) brindemos por más momentos así!

(seee, ya sé, es muy martes a la noche para brindar pero bue, tuve un par de días estresantes y ahora que puedo relajarme quiero brindar jaja)

Beso grande Cafecita!!!


PD: le iba a decir que leerla diciendo cosas como ésta me pone de buen humor, pero para qué.. :P

Café (con tostadas) dijo...

¡Buen día!

Mista Vilteka: ¿yo dije que valía más pasarla bien que tomar una decisión correcta? Pero mirá vos, ¡las cosas que digo! jajaja. Y no sé por qué tendemos a explicarnos, a veces creo que es un intento de no agredir al otro.

Lara: pero nena, por eso dije 'pocas veces'. Dentro de esas pocas veces, gran parte son elogios tuyos ;)

Etienne: oh, ¡¡¡muchas gracias!!! Y sí, que sea recíproco me parece un gran consejo.

Vale: últimamente se me dio por alinear los astros en vez de esperar a ellos se decidan pero si fue suerte, bienvenida ella.

Cinty: muchas gracias y no semenoje, zoncita, que ¡siempre recibo con mucha alegría sus muchos piropos!

Crío: es que me dijeron que criatura + borracho anula el efecto de la verdad (?). Y gracias.

Ceci: muchas gracias, mujer. Sí, todos las pasamos y está bueno que alguien escuche, es cierto.

mai: ufa, ufa, ¡¡¡nosenojen, che!!! ¿Acaso soy una desagradecida con sus muchos piropos? Y sí, es muy lindo que alguien se tome el ratito de contarnos cuando le hicimos bien. Se siente de maravillas, ¿no?

¡Saluti a tutti!