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martes, abril 07, 2020

Obedeciendo al poeta

Tardé, es cierto. Me llevó mucho más tiempo del que había planeado. Corrijo, demoré demasiado más de lo prefijado para empezar la tarea y debí interrumpirla más de lo aconsejable. Encontré excusas donde no necesariamente las había y razones de dudosa capacidad argumentativa. Acepté que no tenía que cumplir ninguna fecha estricta, me relajé, lo postergué unas semanas más. Y no estuvo mal.

Cuando finalmente me aboqué a la labor, lo hice con tiempo, con calma, con sonrisas, con música bella, con sol tolerable a media mañana y con Gurrumo compartiendo la tarea. Pensé, diseñé, decidí. Elegí, compré, acomodé. Lijé, emparejé, barnicé. Todas y cada una de esas acciones con la decisión de que sea su lugar de buenos sueños, su covacha del mundo cuando la necesite, uno de los mejores reemplazos a mis propios abrazos cuando necesite refugio. Todas y cada una de esas acciones plagada de deseos hermosos, de futuros posibles o delirantes, de tanto amor como soy capaz de albergar y transmitir, de todos las ansias de felicidad que le dedico.

Hice con mis propias manos la cama de mi hijo.
Se siente de maravilla.





Haz con tus propias manos
la cuna de tu hijo.
Que tu mujer te vea
cortar el paraíso.

Para colgar del techo,
como en los tiempos idos
que volverán un día.
Hazla como te digo.

Trabajarás de noche.
Que se oiga tu martillo.
“Está haciendo la cuna”
que diga tu vecino.

Alguna vez la sangre
te manchará el anillo.
Que tu mujer la enjuague.
Que manche su vestido.

Las noches serán blancas,
de columpiado pino.
Harás según el árbol
la cuna de tu niño.

Para que tenga el sueño
en su oquedad de nido.
Para que tenga el ángel
en un oculto grillo.

La obra será tuya.
Verás que no es lo mismo.
Será como tus brazos
la cuna de tu hijo.


Se mecerá con aire.
Te acordarás del pino.
Dirás: “Duerme en mi cuna”.
Verás que no es lo mismo

Cuna
Mercedes Sosa | Letra: José Pedroni. Música: Damián Sánchez

martes, diciembre 31, 2013

A riesgo de parecer mandona

Y claro que podríamos ponernos a enumerar la falta de tacto que tuvo este 2013 para casi todos (maldito hábito de los años impares). Y claro que podríamos reclamar, despotricar, recriminar, desempolvar, remarcar, destilar pero, dale, dejemos que pavadas que queda poquito.

Y no importa cuántos sean por ahí o por acá y no interesa si el calor nos está matando y no resta que las distancias no se acorten y no afecta que los dolores duelan y no cambia casi nada que en el fondo, bien en el fondo, sea un día más.

Justo acá, justo ahora, es el último rato de esta noche vieja desde la que recibimos un año nuevo. Y este viene par y trae mundiales y la vida vuelve a ser, otra vez, un montón de promesas.

Brindá, porque siempre hay con quién y siempre hay por qué. Bailá, porque de otra forma no tiene sentido vivir con los pies pegados a la tierra. Soñá, porque no cuesta nada comparado con lo que gratifica. Amá, porque, sino, para qué pretendemos que gire el mundo. Cuidá, porque es la única forma válida de honrar al amor. Crecé, porque no tiene por qué significar que dejes de jugar. Jugá, porque, al final del día, no somos mucho más que purretes tratando de robarnos sonrisas.

Feliz 2014.
Empezalo cantando, vivilo bailando.
¡Salú!


lunes, junio 24, 2013

Pata (y no de conejo)

Que es mala suerte, que trae malos augurios, que se rompe el encanto, que es peor (mil veces peor) que pasar por debajo de la escalera, entregar la sal de mano en mano, romper un espejo y brindar con agua, todo junto. Que eso no se hace, que no conviene, que no es astuto. Desde que mi memoria archiva me han dicho y repetido, hasta el cansancio mismo, que no se festeja el cumpleaños ante de la fecha.

Y yo, que no creo en la suerte pero sí en los designios de los astros, esta vez y con razones que se me antojaron contundentes, festejé antes. Tanto antes que no alcanzó con esperar hasta después de 12 para cantar y brindar. Tanto antes que sirvió de excusa para celebrar con dos amigos más. Tanto antes que me regalé un cumpleaños de 48 horas.

Porque siempre estoy dispuesta a celebrar mi vida, porque insisto en que los saludos valen durante toda una semana, porque me encantó la idea de aprovechar los feriados preparando tortas y catando vinos, porque se me antojó pero, por sobre todas las cosas, porque nada me provoca tanta alegría como festejar, en un mismo momento, también la vida de dos amigos a los que quiero tanto.

Y entonces nos dedicamos a juntarnos, a ponernos de acuerdo, a preparar comidas ricas, a elegir regalos, a aprovechar todas las oportunidades que le robamos a cada día para ir festejando de a poquito y a regocijarnos entre todos por haber nacido, por haber crecido, por habernos encontrado, por habernos elegido y por compartir las alegrías.

Ahora sí, bienvenido cumpleaños mío. Te estábamos esperando con ansias.

¡Hoy es mi cumpleaños!
Recibo regalos.




No quiero morir de viejo No quiero que la vida se canse de mí
No quiero que algún día
El espejo me pase factura de lo que no di.
Y no quiero morir en misa
Prefiero morir de risa en alguna ocasión
No quiero ser noticia
Por no haber estrenado nunca el corazón
Prefiero vivir y viajar con el viento
Prefiero morirme en algún orgasmo a destiempo

No quiero vivir de recuerdos elegantes
No quiero morirme sin haberme muerto antes
No quiero jugar a tu espalda
No quiero llenarme la boca de fidelidad
No quiero vivir en concreto
No quiero firmar un decreto de conformidad
Prefiero vivir sin respuestas obvias
No quiero abrigo cuando afuera hace calor
Prefiero cartas de amor sin novias
Prefiero novias sin cartas de amor
Prefiero vivir y viajar con el viento
Prefiero morirme en algún orgasmo a destiempo
No quiero vivir de recuerdos elegantes
No quiero morirme sin haberme muerto antes

Adrián Berra
No quiero | Mi casa no tiene paredes

martes, marzo 12, 2013

I'll see you soon

Las cosas casi nunca suceden como las sospechamos. Nunca nada es tan bueno ni tan malo. No coinciden exactamente todas las felicidades ni las tristezas. No se superponen milimétricamente las alegrías de todos ni las penas de nadie. Los astros no siempre se alínean pero suelen no desparramarse del todo. Entonces, cada día, cada instante nos enfrentamos al desafío descomunal de acompañar a una persona querida que está pasando por algo que no podemos siquiera abarcar o que se contrapone con toda la furia a lo que podemos en ese segundo. Porque justo cuando querés deshacerte en lágrimas y meterte en la ducha hasta que el agua te enjuague hasta los huesos y quedarte aislada del mundo te llama una gran amiga descontrolada de risas y promesas, de ilusiones y futuros.

Puede que tu parcelita de angustia lo ocupe todo y no te salga frenar las lágrimas. Puede que su rapto de euforia no le permita descubrir que algo en vos duele ajeno a su entusiasmo. Puede que seas perfectamente capaz de entender que en ese momento es más importante acompañar y tengas la fuerza suficiente para impostar una sonrisa casi perfecta hasta que llegue el momento en que ella te abrace el llanto. Puede que sea capaz de contagiarte carcajadas y prepararte mates para acompañar las lágrimas. Puede, también, que contra todos tus pronósticos el cuerpo entero se te sonría por contagio y recuerdes, una y mil veces más, que aún sin darse cuenta las personas grandes te salvan la vida. También puede que tu pena y su alegría no sean capaces de generar ningún espacio de contacto y, de repente, haya una persona menos en tu simple existencia cotidiana. Al menos por un tiempo. Quizás por un rato largo. A lo mejor hasta el próximo carnaval.

jueves, diciembre 20, 2012

Pruebas contundentes

Café:
Mirá, si dios existe,
es mentira que es un tipo copado que se las sabe todas...

Hermana:
¡Hello!
A los hechos me remito.
Mirá lo que es el mundo.
Digamos, en serio, si un tipo cualquiera
empieza una empresa, un microempendimiento,
una pyme, por decir,
y le sale esto...
¿Vos qué decís de ese tipo?
Como mínimo que es un idiota.
O sea, si querés tejer un pulóver
y te sale esto,
te tenés que pegar tres tiros.

No, no, no.
Dios es lamentable, no me conmueve.


lunes, diciembre 17, 2012

Instrucciones a mi misma


Concentrate intensamente llenar y vaciar los pulmones. Enfocá absolutamente toda la energía que tenés en el acto reflejo de respirar y soltá un poquito de angustia cada vez. Reemplazá las lágrimas por aire porque es viernes y el clima es hostil y esta noche hay fiesta y la sensación de desamparo no es amiga cuando estás sola en una ciudad ajena.

Reite abiertamente cuando la lluvia irreverente te empape el vestido, te corra el maquillaje, te desacomode (aún más) el pelo y pese a los esfuerzos llegues a la fiesta tanto menos arreglada pero mucho más resplandeciente. Porque el agua que pega y moja, despabila y reanima también. Saludá, conversá, comé cosas ricas, sentite linda, sabete apreciada, descubrite formando parte. Y brindá una vez y otra vez y otra vez porque la vida merece ser celebrada aún conteniendo las penas.

Levantate atarantada por el lugar extraño y la cabeza borracha y los sonidos atípicos y tomate un café saludando a gente que no conocés con acentos de países lejanos y procurá no explotarte la cabeza con la vuelta de la vuelta de la vuelta y viajá descalza charlando con una amiga hasta que te saque alguna confesión y un leve lloriqueo y te regale un puñado de palabras para levantar el ánimo y te arme, en un petiquete, un plan copado para la noche.

Llorate un rato la angustia cuando estás sola y no tiene costo. Charlá cosas lindas por teléfono con alguien capaz de disculparte las torpezas y de robarte sonrisas, estrená un vestido feliz, metete con amigas a ese boliche de toda la vida para sorprenderte con un acústico en vivo de os pibes que tocan temas que te sabés de memoria. Cantá, brindá, bailá, sabete difícil de olvidar y, también, de valorar y reconfortate de las decisiones tomadas.

Dormite con antojos preciosos en el cuerpo y más ganas de sonreír que antes. Despertate con un mensaje lindo esperándote, un desayuno a medio día y la tormenta loca augurando domindo de sillón y series y descubrí la maravilla de que los pulmones sigan llenándose y vaciándose de aire a un ritmo cada vez más gentil.

Respirá profundo
y esperá a que la cabeza se acomode a ese paso.

lunes, noviembre 05, 2012

Frases que no entiendo (4)


Él/ella se lo pierde.

Todos (pero todos, todos) alguna vez le dijimos eso a alguien a quien queremos mucho cuando le tocó enfrentarse a las penas del desamor. Todos (pero todos, todos) alguna vez recibimos esa frase de alguien que nos quiere mucho e intentamos que sirva de algo. Ahora bien, de verdad, escapa a mi capacidad de comprensión. Entiendo por qué terminamos cayendo en ese cliché. Sé que la impotencia exasperante de no poder curarle el corazoncito al otro nos lleva hasta ahí. Es más, comprendo que quien dice semejante atrocidad valora tanto al receptor del mensaje que sinceramente, por una fracción de segundo, considera que la pérdida es del tercero en cuestión.

Después, cuando se terminaron los mates, cuando cerramos la ventanita del chat, cuando la botella de vino vacía dormita abandonada en la mesa y nos quedamos sin interlocutor esa frasecita que tintinea en la cabeza no sirve, no alcanza, no sana. Simple y sencillamente porque es, en el mejor de los casos, una mentira piadosa.

¿Qué pierde el otro? ¿Una historia que no le interesa con una persona que no le importa lo suficiente? Así es fácil perder. Lo que duele, lo que cuesta, lo que arranca partecitas de nosotros, es perder una ilusión. El antojo de querer y ser queridos por esa persona en ese momento, las ganas de compartir vida, el deseo de hacernos compañía, la necesidad de regalarnos detalles de los días mutuamente. Eso es perder. Nadie pierde en la mesa de póquer en la que no jugó ni una moneda.

La Abu siempre afirma que sin coraje no hay batalla pero, por sobre todas las cosas, que el que no apuesta, no gana. Entonces, sabelo, pierde el que se queda con el corazón lleno de moretones, con las ilusiones abolladas y la garganta hecha un sólo nudo de pena. Perdés vos, sí. Perdés antojos, ilusiones, necesidades y ganas y una historia que no le interesa con una persona a la que no le importas lo suficiente. Y duele y enoja y lastima y después, ojalá más antes que después, pasa.

Así que por favor, no resignes, ni por un instante,
las capacidad de ilusionarte hasta los huesos.
(Nadie vale ese precio)


lunes, octubre 22, 2012

Y casi, casi lo escribo en inglés

(por eso del melodrama, ¿viste?)


Soy fácil de conseguir pero difícil de retener.


miércoles, octubre 17, 2012

Impíos

Lo desarmamos, lo desarticulamos, lo destrozamos. Invertimos las formas, cambiamos los significados, mutilamos los alcances. Lo limitamos, lo amurallamos, lo cercenamos. Le quitamos brillo, le apagamos sonoridades, le arrebatamos vocablos. Lo maltratamos, lo desprestigiamos, lo desguazamos. Sin miramientos, sin consideración, sin sensibilidad. Lo apocamos, lo desmerecemos, lo disminuimos. Olvidamos su esplendor, desconocemos su magnitud, desatendemos sus reclamos.

Tenemos un idioma generoso. Tenemos millares de palabras, de matices, de expresiones. Tenemos incontables manera de decir exactamente aquello que queremos. Tenemos tantos conjuntos de letras, tantas licencias sintácticas, tantas opciones semánticas. Tenemos libertades para probar, para decir, para omitir. Tenemos ilimitadas posibilidades de jugar, de crear, de incorporar, de nacionalizar, de combinar, de conjugar, de compilar. Tenemos toda una lengua que crece, que se adapta a nosotros, que se nos entrega completa, desinteresada, irrestricta y así y todo somos capaces de acribillarla hasta el punto mismo de expresar absolutamente nada en mil caracteres por no elegir la palabra que diga.

No alcanza ningún idioma
si no tenemos idea de quiénes somos al momento de contarnos.


martes, septiembre 11, 2012

El aire en que no estás

Y no me sirve de nada no pensar en un buen regalo o esquivar las verdulerías para no tentarme de preparar una torta de frutillas o tratar de respirar profundo, como si me entrara aire en los pulmones. Y no me alivia acordarme de las muchas veces que celebramos tu vida, tu día, tu cumpleaños o todo el tiempo que compartimos o todas las cosas importantes de esta vida que me enseñaste. Y no me alcanza ni apenas encontrar en cualquier otro ser humano un gesto leve, ínfimo, microscópico que se parece tan fugazmente a algún rasgo tuyo que me estremece el cuerpo hasta escurrirme lágrimas aunque pretenda hacerme la dura, la fuerte, la entera.

¿Cómo hago, hoy, para salir al mundo a ser una persona completa? ¿Qué me invento para respirar sin que arda? ¿A quién abrazo medio upa mientras me tararea una canción de infancia? ¿Cuánto espacio ocupa una ausencia?

Porque no estás y me falta toda una parte de esta vida
y hoy nada llena ese hueco.


Retuve estrellas en el sur para animar tus ojos
guardé los hielos del glaciar para azular tus ojos
que sepas que no es fácil respirar el aire en que no estás

Pedro Guerra
El aire en que no estás | Ofrenda

lunes, septiembre 10, 2012

Desorden

¿Viste cuando sentís como si la sangre te burbujeara adentro y no sabés si es de ansiedad o de bronca? ¿Viste cuando se te mezclan sin posibilidad de diferenciar las carcajadas descomunales y ese nudo asfixiante en la garganta? ¿Viste cuando tu estado de ánimo cambia a cada segundo de un extremo al otro? ¿Viste cuando las sensaciones opuestas se te superponen de tal manera que es imposible detectar cuál prevalece? ¿Viste cuando sos un desastre de emociones y no podés parar ni la cabeza ni los sentidos? ¿Viste cuando sólo podés dejar de temblar porque de repente se te relaja el cuerpo entero y vuelta a empezar? ¿Viste cuando no podés siquiera intentar describir qué es lo que te pasa por adentro? ¿Viste cuando intentás conservar una digna cara de pócker y recurrir a las respuestas estándar para que no se note que sos incapaz de poner atención en lo que está pasando alrededor? ¿Viste cuando el llanto no alivia y las risotadas no extenúan?

¿Viste cuando sentís que lo único que te puede estabilizar es un buen abrazo largo, fuerte, en silencio, hasta que cuerpo, espíritu y sensaciones finalmente se reconcilien y anhelás fervientemente que cualquier abrazo sirva?

Así estoy yo.

jueves, agosto 16, 2012

Desencuentros circulares

Ella esquiva gentilmente el mensaje de aquel que la invita,
para tipearle alguna bobada al que le responderá con evasivas.


Poco mucho,
algo, casi, casi, nada,
no siempre se cruzan
todas las miradas.

Pedro Guerra
Oasis | Raiz

miércoles, agosto 08, 2012

Tengo

El cuerpo anudado, tenso, espectante. Las sensaciones enredadas, mezcladas, solapadas. Los ánimos variantes, destemplados, desarticulados. Las emociones contenidas, efusivas, inquietas. Los sentimientos aletargados, contradictorios, ruidosos. Las reacciones calculadas, mansas, insuficientes. Los pensamientos alborotados, vehementes, implacables.


Estoy hecha un desastre de contradicciones.
(Y está bastante bueno)



Sólo se trata de vivir
esa es la historia
con la sonrisa en el ojal
con la idiotez y la cordura de
todos los días,
a lo mejor resulta bien.

Sólo se trata de vivir
esa es la historia
con un amor, sin un amor,
con la inocencia y la ternura
que florece a veces.
A lo mejor resulta bien.

Fito Paez y Juan Carlos Baglietto
La vida es una moneda | 15 años

martes, junio 26, 2012

¡Qué bueno vivir como esta gente!

Jueves noche. Vino, buena charla, más vino, la mufa que se va del cuerpo definitivamente, la música que acompaña, los mimos que deleitan. Así resigno sin problemas unas cuantas horas de sueño y me paso el viernes como autómata sin dudarlo un instante.

Viernes noche. Baile, barra libre, más baile, muchas carcajadas por todo el cuerpo y todas las ridículeses que se nos antojen. Y todo eso parece nada cuando llegan ellos. Hermano y Amigo que traen de la mano y de sorpresa sorprendente a una de las mejores mujeres que tiene este mundo para que compartamos juntas unos días. Así vale la pena seguir.

Sábado día. Mates, biscochos, más mates, las tortas que empiezan a salir, los amigos que pasan a colaborar, la comida preparada de a muchos entre conversaciones desopilantes, murgas y coreografías bizarras alrededor de la mesa. Y todo está cada vez más desordenado, más poblado, más divertido. Hasta que cada uno carga alguna cosita y empieza el traslado. Así, ¿cómo no sentirnos queridos?

Sábado noche. Abrazos, regalos, más abrazos, la mesa preciosa, golosinas en los rincones, la piñata olvidada en casa, el cartelito con mi nombre a la entrada del pelotero, fotos con diferentes cámaras. Y comida rica y bebida abundante y muchas conversaciones mezcladas y todo el afecto del mundo y el vals. Dos, porque son dos quince. Así, ¿cómo no sentirme linda?

Domingo día. Desorden, platos, más desorden, la casa llena de cosas, cosas ricas para comer que quedaron dando vueltas, un poco de resaca en el cuerpo y los mates suaves y la charla livianita y el ratito para acomodar un poco las cosas y más saludos y las visitas y seguir picoteando durante todo el día y series que dan mucha risa entre mujeres que saben reirse. Así te ordeno y te lavo los platos de un batallón, sólo porque paga (con creces) el precio.

Lunes noche. Charla, cigarrillos, más charla, la cena de los lunes que se convierte en ritual, el menú especialmente seleccionado y elaborado por una amiga mientras vamos conversando de grandes temas o de nimiedades, la placidez de los buenos ratos compartidos. Y la comida exquisita y el vino que acompaña y la promesa de que la semana que viene cocino yo. Así me quedo levantada hasta la hora que sea aunque el martes me cueste el doble arrancar.

¡Qué maravilla, de maravilla, la maravilla!

jueves, junio 21, 2012

Hablan con ella

Uno: ¡epa! te viniste boquitas pintadas.
Otro: y, encima, llega con ese sonido de tacones lejanos...
Ella: nooo, con Almodóvar ni nos metamos, mirá.
Uno: no, no, yo me quedo afuera de esa.
Otro: ¿no les gusta?
Uno: sé los bueyes con los que aro.
Ella: sí, sí. Me gusta pero en este contexto sólo te puedo llegar a mujeres al borde de un ataque de nervios.
Otro: oh, eso no está bueno.
Ella: es que te empiezo a describir mi carne trémula y te miro a los ojos y digo átame, quedás tecleando.
Uno: listo, lo perdimos, sigamos con otra cosa.

¡Gracias Pedro!

sábado, junio 02, 2012

Media vida

Él no tiene idea y me pregunta. No entiende, no tiene como saber porque esa historia sucedió durante una pausa y nuestros paréntesis son así. Completos. Concretos. Absolutos. Un saludo por algún cumpleaños, un meneo de manos al cruzarnos en una esquina, un prolijo intercambio de palabras al coincidir en un club o una escuela . Pero todo, siempre, con absoluta diplomacia. Hay un acuerdo tácito. Los dos controlamos el abrazo postergado hasta que el momento sea el adecuado pero ambos cumplimos con el saludo protocolar. Ay, que dolor de cuerpo y de espíritu el día en que prefirió mirar el suelo y esquiar mi vista. Ay, que atrocidad la mía cuando necesité un paréntesis y no avisé de buena manera.

Nos costó media vida aprendernos y nos enseñamos tanto el uno del otro que parece mentira que hayamos tenido varios intervalos. No entiendo cómo funciona, me dijo una amiga hace años. Yo tampoco comprendo, sospecho que él no tendría respuesta. Eso sí. Hay un par de elementos fundamentales. Nos queremos desde la primer sonrisa, nos abrazamos mucho y bien, hemos hablado todo y más, desde diferentes lugares hasta que dejó de doler y estamos ahí, todas las veces. Aún cuando no nos vemos estamos, los dos, a una llamada de distancia.

Y si nos hemos perdonado tanto,
podemos disculparnos mucho más.


martes, mayo 29, 2012

I'll be there for you

Y tengo un día complicado y quiero que me quieran y camino mucho y despejo la cabeza y tomo mares de mates y recibo noticias maravillosas y me emociono entera por las emociones ajenas y preparo una comida rica y la comparto y descorcho un vino y brindamos y me cuesta horrores dormirme y pienso que mi cabeza no se va a callar jamás y palmo y me despierto con pereza en cada milímetro del cuerpo y no me quiero despegar de la cama no me quiero levantar no quiero salir al mundo no quiero que no haya sol no quiero que el día empiece y el muy jodido llega igual y aparece nublado por si fuera poco y lleno de responsabilidades y de horarios y de teléfonos que suenan y de gente que habla y de voces que piden y de correos que reclaman y de recordatorios que chillan y pienso que el universo se está tomando revancha de manera despiadada y me siento un rato y despierto a la pc y no quiero que empiece a pedir no quiero que vuelvan a solicitar no tengo ganas de que insistan y aparece una amiga que saca lo mejor de mí y lo sabe y resurge un amigo que ve lo mejor de mi y lo cuenta y nos queremos y nos mimamos y nos abrazamos a la distancia y vuelvo a tomar mates y me sonrío entera y vuelvo a tener ganas de respirar a pecho lleno cada vez.

No sé cómo hacen para quererme pero entiendo perfectamente todo lo que los quiero.

miércoles, mayo 09, 2012

El lugar inadecuado en el peor momento

Hermano:
¿viste en 2 broke girls,
cuando Max le dice al cliente
que el chasquidito de dedos se la seca?
Bueno, ésto...
(señala y chasquea los dedos)

Café:
Así pero peor.
En esa línea de pensamiento,
Arjona me la cierra
pero este imitador berreta me la está haciendo desaparecer.
Estoy a medio tema de convertirme en una barbie.

jueves, marzo 08, 2012

Trivialización de las faltas


Golpean la puerta de la oficina, una mujer, cumpliendo con su trabajo, me mira desde atrás de su impostada sonrisa protocolar y me entrega un presente por el día de la mujer. Controlo como puedo la efervescencia que enerva la sangre, me calzo una sonrisa de papel maché, agradezco y abarajo lo que supongo es una caja de bombones con un moño dorado y una cita textual de lo dicho por otra mujer, décadas atrás.

En los mensajeros, en mi teléfono, en los carteles de la calle, en las redes sociales, en la radio, en la televisión, en los diarios, en cada lugar en que fijo la atención me encuentro, otra vez, con saludos y chistes y conversaciones intrascendentes acerca de lo bellas que somos las mujeres. Lo sé. Somo bellas, inteligentes, multitarea, emprendedoras, cariñosas, gentiles, aguerridas, batalladoras, amigas, confidentes, jodidas, criticonas, ácidas, tiernas, dueñas de toda esta fortaleza femenina que nos compone pero hoy no me importa.

No quiero regalos, no quiero saludos vacíos, no quiero frases diplomáticas ni descuentos en máquinas de depilar. No quiero este mundo en el que las batallas se convierten en celebraciones vanas. No quiero que ignoremos a sabiendas las desprolijidades, las desigualdades, las desavenencias. No quiero la comercialización de la memoria ni la ridiculización de las falencias. No quiero que nos olvidemos de las olvidadas. No quiero que pintemos de rosado un mundo que, entre tantos colores, tiene tanto rojo sangre y violeta moretón y blanco frío.

Este día no vale porque somos adorables y caprichosas. Este día existe porque sigue habiendo a lo largo y a lo ancho de todo este planeta mujeres que sufren, que se duelen, que son maltratadas y no educadas y golpeadas y violadas y subcontratadas y desprotegidas y desmerecidas y amilanadas. Existe porque tenemos, en esta sociedad, más postergados que personas. Existe porque todavía tenemos muchas peleas para dar y, entonces, podemos intentar de a una por día.

No estoy orgullosa de que haya un día de la mujer. No por mina, sino por humana. Sin embargo, ansío que tengamos la entereza de respetarlo. Hasta que todos seamos humanos. Hasta que todos nos pensemos, nos veamos, nos sintamos, nos respetemos, nos cuidemos, nos valoremos y nos tratemos como humanos.

No me digas feliz día.
No me regales aspiradoras.
No me pongas, otra vez, en ese rol de mujer.
No hoy, al menos.




Quizá te busquen
porque naciste
quizá te midan por mujer.

Quizá te acosen
porque creciste
quizá te odien por mujer.

Pero no dejes
de ser niña
que abraza todo lo que hay en si.
Pero no dejes
de ver el mundo
como un espacio por compartir.

Quizá te insulten
quizá no nazcas
quizá te anulen por mujer.

Quizá no llegues
a ser tú misma
quizá te empujen por mujer.

Pedro Guerra y Silvio Rodríguez
Niña | Hijas de Eva

miércoles, enero 18, 2012

Complicado esto de la autocrítica


De los muchos hermanos y hermanas de la Abu yo conocí sólo a algunas. Cosa extraña esto de tener el mismo origen y ser tan diferentes. A veces pienso si con nosotros pasará lo mismo. A primer golpe veloz de memoria podría mencionar a la que se maquillaba muchísimo, a la que nos contaba chistes no aptos para todo público cuando éramos niños, a la que fue abducida por un objeto volador no identificado que la llevó al sol central y a la que leía las manos.

Pero esta tía abuela no era bruja ni gitana. No auguraba eventos ni vaticinaba el futuro. Ella aseguraba que en nuestras manos están impresas todas nuestras cualidades y afirmaba que podía conocernos a través de las líneas y las marcas y los gestos y los tantos indicios que nuestras manos brindaban a su ojo experto. Jugábamos a creerle. Porque nos gusta mucho jugar, porque era una belleza de persona y porque la Abu insistía con que eso mucho no le gustaba y era una forma divertida de hacer renegar a las hermanas.

Hace un par de años, adultos ya, nos persiguió a Hermana, a Novio de Hermana y a mi hasta un rincón del patio a resguardo de escépticos. Nos frenó después de la curva y nos dijo que ahora que ya habíamos crecido nos quería leer las manos realmente, esa sola vez, porque, quizás, podría ayudarnos en algo. Como para que no dudemos de su palabra, empezó con Novio de Hermana, a quien no había visto antes. Acierto tras acierto, pensamos nosotras dos, sin hacer un solo gesto, al escucharla. Siguió con Hermana y después me pidió a mi que extienda la zurda.

Sentenció características de mi personalidad que ya conocíamos, descubrió en algunos recovecos partecitas de mi que venía negando, cobijó con palabras algunas condiciones un poco maltratadas de mi misma y cerró con lo que, según ella, era el mejor consejo que podía dejarme. Vos tenés los dos, dijo. El don de la palabra y el don del silencio. Es importante que aprendas a usarlos a ambos. Podés hacer mucho bien pero también causar demasiado daño.

Pensé en una frase berreta de película del hombre araña, pensé, también, que ella jamás la había visto. Pensé que todos tenemos esas condiciones. Pensé que seguramente no era tan buena ni para lo uno ni para lo otro. Pensé que no era importante esa parte de la charla. Pensé que ni siquiera me conocía tanto. Pensé que una cosa es hablar hasta por los codos y otra tener el don de la palabra. Pensé que las pausas son constitutivas de la vida. Pensé que no podía decir ninguna de esas cosas. Sonreí, agradecí y volvimos a la ronda de mates.


Recién ahora creo entender cabalmente ese consejo.

Recién ahora.