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viernes, febrero 18, 2011

Dialógicos

- Entendeme, en ese momento yo pensaba que era así.

Y en ese estado particular que forma, a esa hora de la madrugada, mi persona amalgamada con fernet y sonido a lluvia entendí todo. O creí que entendía porque reaccioné con una sensación a la inversa, como cuando te destapás corriendo las frazadas de lana prehistóricas de alguna abuela o cuando te soltás el corsé después de una fiesta o cuando desatás las zapatillas que estaban muy ajustadas un día de calor. Algo parecido a soltarte el pelo o sacarte el corpiño o quitar la mano con cuidado de abajo de esa pila de papeles que alguien instaló sobre tus dedos sin darse cuenta. De repente descubrí, en la liviandad de haber encontrado respuestas, el peso de haberme cargado de preguntas.

- Y ahora, si me apurás, te digo que esa mina estaba loca. Pero no sólo por el diagnóstico de años después o por todo lo que pasó hasta hoy. Ahí, conmigo, estaba loca. Y puede ser que yo también haya estado mal de la cabeza o a lo mejor andaba buscando un opuesto para equilibrar o quizás es que a esa edad estamos convencidos de que el amor es como la locura pero de a dos o... ¿Me entendés? En ese momento yo pensaba que era así.

Como yo, que ahora pienso que también es así. No por lo que escucho, no que el amor es así. Que esto es así, que yo soy así. Así, como las personas. Así. Que vamos creciendo o cambiando o tomando diferentes decisiones o quizás perdurando o lo que sea. Así. Y pienso que es difícil pensar cuando los brazos caen tan mansos al costado del cuerpo y el arco del pie es tan poco estricto con el empeine y la cabeza pesaría si no fuese porque parece flotar pero igual pienso, o creo pensar, que yo también soy así. Y que así fui y que así seré. Que todavía conservo el hábito del planteo y el replanteo y el argumento y el contra argumento pero que debería limitarme al debate en presente. Mi persona de hoy contra mi persona de hoy.

Y mientras lo miro hablar, cada vez más lento, más introspectivo, más ensimismado, mientras lo escucho reconocer que tomar fernet sentado le ayuda a entender descubro que estamos usando nuestros vasos de excusa para enfrentarnos en voz alta a conclusiones que ya sabíamos. Al menos para él, que habla porque yo, de voz alta, poco y nada. Esta noche yo escucho y sirvo otra ronda y pienso... o creo pensar.

miércoles, septiembre 15, 2010

Ahora entiendo todo

En mis épocas de adolescencia y boliches todavía existían los lentos. De hecho, el aguante y los lentos eran, junto con el bloque de rock, lo mejor de la noche. No tanto por cuestiones de baile y arrumacos sino porque la música era excelente. Eso sí, aunque el tema ya tenía sus años, el paso de movido a lentos era, indefectiblemente, con Los auténticos decadentes.

Toda aquella purreta que tuviese intenciones de esquivar las manos en la cintura del partenaire de momento sabía que en cuanto se escuchaba esa musiquita debía encontrar una excusa para huir. Así, aún antes de que empezara la letra, el baño de mujeres ya estaba lleno de muchachas escapadas de la pista.

Había resultado diurética la canción.

jueves, marzo 25, 2010

Primer acto

Se encuentran frente a frente por primera vez. Se miran como si buscaran la forma de esquivarse pero hablan.

Él: tenés cara de histérica.
Ella: tenés cara de coger mal.

¿Cómo sigue la historia?

jueves, febrero 18, 2010

Si yo fuera tango

Viste como es esto...
De tanto en vez se me antoja jugar como David.

Nos diríamos adiós cuando el alcohol nos ha embriagado, la noche de la última curda.

Sentiría que todo es mentira, que nada es amor... que al mundo nada le importa.

Añoraría el corazón, el mismo que perdí con esas promesas vanas de un amor que se escaparon con el viento.

Alguna vez pensaría en volver para descubrir que parecemos, ya ves, dos extraños.

Sabría, después, que lo que más bronca me da es haber estao tan gil.

Y así y todo, seguiría buscando alguien que me diga quereme así piantao mientras bailamos una balada para un loco.

Si yo fuera tango viviría en el arrabal porteño y algunos me dirían Cafetín de Buenos Aires.

jueves, agosto 20, 2009

Narrativa amorosa

I
Los recuerdos no me amparan. Pero a pesar de todo lo único que me gustaría hacer en esta noche de mierda es estar con vos. Y creo que es fácil de entender, siempre guardo un buen recuerdo (casi un anhelo).
Una noche llegué a casa y, sin hacer alarde de una desdicha, había tenido un mal día pero cuando entré estabas vos, adentro de un sobre, arriba de la mesa. ¡¡¡Que gusto!!! Me salvaste, gringa.
Puse música. Algo de folclore. Una canción que dice: "yo quiero que me conozcas de corazón para adentro, soy como un niño perdido que va persiguiendo el viento". Te juro que tengo muchas ganas de verte. No sé qué más decir. En realidad sí sé pero no lo digo.
Y bueno, no queda otra más que despedirme.

II
Creo que esperaba este momento porque tengo tantas ganas de escribirte (o verte) que qué se yo...
Estaba pensando que sería bueno hacerte una visita. Me gustaría decirte todo. En este momento tengo ganas de verte y los niños y los borrachos no mienten y yo soy un poco niño y estoy medio borracho.
Futurible: futuro posible. Espero que sea así. Si aceptás mi visita, la entrego con gusto. Tengo ganas de contarte mis sueños y las cosas raras que siento de vez en cuando. Mis recuerdos (todos).
Bueno, nada más. Sólo que tengo ganas de verte, muchas ganas.

III
Disculpá por el mucho tiempo sin escribirte. Es que no estoy bien. Tengo algunos asuntos que resolver. Uno es decirte cosas que no sé cómo decir porque no son metáforas ni otros recursos que uso para ponerle rulos a las palabras. Lo voy a intentar, espero que me entiendas...
Creo que va a ser la última carta que te escriba. Me siento mal porque creo que no te lo merecés pero el tema es que lo mío con vos no es amor, es sólo que te quiero mucho. Alguna vez me pareció que podía ser algo más que quererte pero cuando me enamoré de me aclaró la diferencia y quedaste en el pasado.
Quizás teníamos que esperar 10 años. Es que la química no es como el sabor. Algunos caramelos pueden producir acidez.
Chau, gringa. Me duele un poco pero es así. Nos veremos cuando al destino se le antoje.

Dicen que toda buena historia tiene principio, medio y fin.



"Lo que quieras, seré lo que quieras",
eso fue lo que él quiso decir,
pero dijo -soy sólo el que soy
y seré para siempre reflejo de mi.

Ella quiso decir "yo te quiero,
como seas te habré de querer",
pero dijo -sé tú, para siempre,
tú sólo y adiós-
a las rama se fue.

Pedro Guerra
El reencuentro de Viola y el Barón | Ofrenda

miércoles, agosto 19, 2009

Si yo fuera lunfardo

Che, David, a ver si dejás de atorrantear
y te ponés a laburar (?).


Me achicaría bastante aunque juegue de agayuda pero araca con no dejarme atorrar porque ahí sí que me arrebezo.

No le daría boliya a los berretines al divino botón de un bacán bolacero que quiere biyuya pero espera un batacazo, al primer balurdo lo sacaría con su batifondo de mi bulín.

Sería una fulana farrista y me lo pasaría fetén faseando entre firuletes en plena festichola.

Nadie, pero nadie, me diría naifa ni feba ni mina ni piba ni percanta ni minusa.

Si yo fuera lunfa en los arrabales me llamarían Feca.


(debería ir Yira, Yira. No puedo escuchar, si le pifié, avisame!)

miércoles, julio 15, 2009

Penumbra

Anoche me acordé de vos. ¿Puede esta cabeza mía guardar tantos detalles sin razón alguna? Evidentemente puede. Anoche, decía, miré el asiento vacío a mi lado y me acordé de vos que, en lo que a mi respecta, no tenés edad ni nombre ni historia excepto los que una vez inventé mirándote en penumbras en un viaje largo.

Había subido antes a ese colectivo. Me senté contra la ventanilla, como siempre, atendí el teléfono que cantaba en ese momento y me enganché en una charla de algunos minutos. Cuando giré estabas sentado a mi izquierda saludando a alguien más que pasaba por el pasillo. La verdad es que mientras vos conversabas me dormí profundamente, como duermo yo cuando viajo.

Me despertaste un rato después. Despacio, apenas me rozaste el hombro diciendo flaca, despertate en un tono casi dulce. Abrí los ojos cual tortuga después de hibernar, me los refregué con el revés de las manos (cuando podíamos hacer eso en los transportes de pasajeros sin tener que recurrir a alcohol en gel previamente) y te miré con cara de entender poco y nada. Disculpame pero las empanadas están calentitas y me dio pena que se te enfríen dijiste alcanzándome la porción mía que habías agarrado.

Comimos en silencio, mirando el principio de una película que no prometía mucho. Unos minutos después agarraste mi cajita vacía para tirarla en la bolsa cuando pasaran por el pasillo con un gesto tan natural que parecía habitual. La luz se apagó y todos los que viajaban durmieron o miraron la historia en la pantalla diminuta o escucharon música. Yo me quedé ahí un momento, escondida en la penumbra, mirándote. Algo en tu perfil me recordó a un personaje adorable de una serie que miré en la adolescencia. Me adormecí con esa imagen fantaseando pavadas.

Pensé en apoyar mi cabeza en tu hombro y charlar nimiedades y que me acariciaras la cara mientras yo jugaba con tu panza. Se me ocurrieron diálogos infantiles, de esos que comparten dos personas enfrascadas en un colectivo lleno de gente. Recordé que era precioso viajar jugando y riendo y haciéndonos mimos y me dormí sonriendo. Horas más tarde prendieron la luz del colectivo y ya no estabas. Bajaste en algún lugar entre Campana y Rosario sin que yo lo notara. El desvelo de cinco minutos me trajo otra vez a una ausencia y un puñado de antojos.

No tenías nombre para mí, no te hacía falta.



Where is my John Wayne
Where is my prairie son
Where is my happy ending
Where have all the cowboys gone

Paula Cole
Where have all the cowboys gone | This fire

lunes, junio 08, 2009

Si yo fuera cartera

Otra vez se me pegó el juego de David.

Sería un misterio para el universo masculino.

Contendría todo lo indispensable para subsistir prácticamente un mes.

Siempre tendría en el exacto fondo justo lo que estás buscando.

Ya no me interesaría combinar con los zapatos.

Conviviría con varias de mis congéneres en percheros o placards femeninos.

Sería lo primero que toda mujer agarra al salir.

Las muchachas se sentirían grandes al tener con qué llenarme.

Si yo fuera cartera sería porque antes fui cocodrilo dormido.

lunes, abril 27, 2009

Todo se transforma

Me llevó decenas de semanas encontrar la distancia necesaria de mi historia anterior. Supongo que lo viste (que me viste) pasar ese duelo día tras día. Extrañar hasta que se me agotara el aire, sobrevivir reencuentros tan desencontrados que me dejaron vacía, descubrir uno a uno mis miedos, enfrentarme a la mujer que había sido con él y que no quiero repetir.

Me llevó dos meses de mutismo intentar describirte. Recién ahora lo veo claro. Recién a esta altura empiezo a revisar y entiendo. Hasta ese momento, hasta que empezaste esa huelga de silencio, hasta que pusiste tanta distancia entre nosotros tan próximos en la realidad, tan cercanos antes, tan juntos ahora, hasta que libraste esa batalla no me había tomado el tiempo de enumerar todas las cosas tuyas que me hacían (que me hacen) tanto bien.

Entonces un día (que puede ser cualquiera pero es importante saber que fue hace varios meses atrás) pusiste un doble vidrio entre nosotros. Me dejaste tambaleando, añorando el saludo de cada mañana, antojada de nuestras charlas en la oficina, esperando el chiste ácido que se te cae siempre en el momento más inoportuno, intentando entender por qué, cómo, para qué.

Dos meses sin diálogos ni saludos ni complicidades hasta que pudiera hablar de la falta de palabras. Otros dos meses de introspecciones hasta que me animara a nombrar lo que extrañaba. Un par de días para tomar coraje y decirte, cara a cara, que quería que hablemos. ¿Me llamás? pregunté, nerviosa y angustiada. Si, quedate tranquila que yo te llamo y arreglamos, contestaste sonriendo con seriedad. De ahí en más, ansiedad. Era sábado y sabía que no te iba a ver hasta el lunes, en el trabajo.

Sospeché que todavía no iban a volver las palabras, las miradas, los abrazos. Estaba en lo cierto. Pasaron los días, pasaron las horas, pasaron una y otra vez los recuerdos, las indecisiones, los temores, las inseguridades por mi cabeza. Te rememoré murguero y feliz, volvió a punzarme el pecho con la memoria de cada saludo que esquivaste, se llenaron otra vez de aire mis pulmones con la certeza de que ibas a llamar, de que íbamos a hablar, me traicionaron nuevamente las rodillas al pensar qué decir, de qué manera, qué hacer con estos sentimientos nuevos (o recién descubiertos) para con vos.

Y un día nos encontramos en un lugar de siempre. Una situación más o menos folclórica. Amigos en común, una picada, algunas cervezas, nuestras miradas encontrándose a cada instante. Y vino una especie de charla impuesta casi a punta de cuchillo. Quise saber por qué tu enojo, quisiste saber por qué mis dudas. Ninguno respondió esas preguntas. También quedó, flotando entre los dos, una intriga tuya. "¿ De qué forma querés que sea parte de tu vida?" dijiste y yo sentí que no tenía palabras para contestar.

Después llegaron, juntos, el llamado, los motivos, tu pregunta, mi respuesta, nuestro beso. Después me quedé con ese beso en la boca, en la piel, en la memoria durante un domingo sin verte. Después me sentí adolescente e insegura antes de mirarte otra vez en la oficina. Después me desconcertó nuestra poca complicidad (que en realidad era torpeza). Después llegó mi cumpleaños y la sonrisa compartida y esta felicidad de reconocerme profundamente enamorada.

¿Qué importa ahora si antes nos lastimaron otras personas? ¿Qué interesa si nos llevó tanto rato y tantos nervios sintonizar el mismo dial? ¿Qué cambia si hay personas que no se alegran por nosotros como esperábamos? ¿Qué puede hacernos tambalear este tablero si después de mucho tiempo y tantos machucones y tantas dudas estamos dispuestos a pasar juntos una pila de cosas preciosas y a acompañarnos en las otras?

¿Para qué renegar de todo eso si es lo que nos trajo hasta acá?



Cada uno da lo que recibe
y luego recibe lo que da,
nada es más simple,
no hay otra norma:
nada se pierde,
todo se transforma.

Jorge Drexler
Todo se transforma | Eco


Pipona dijo (quizás en broma, quizás en serio) que quería que yo un día relate su historia de amor. Me gustó la idea. Me gustó compartir desde su blog esos momentos. Hoy es el día. Escribí al menos tres borradores (cosa extraña en mí). Me costó decidir qué narrador usar, qué persona, qué tiempo. Finalmente quedó así. No sé si está a la altura de las emociones de Pipona y F. pero es mi forma de celebrar, desde acá, el principio de ese amor.

miércoles, abril 15, 2009

Luz, cámara y acción

Cuando escucho música, muchas veces mi cabeza reinventa o repite partes de películas. Todo el tiempo estoy seleccionando banda sonora de las escenas. He llegado, incluso, a discutir con una película por lo que me parece una mala selección para el momento específico. Cuando escucho determinadas canciones los fotogramas aparecen solos ante mis ojos. No son tomas vanguardistas, no sería buena directora de cine pero las imágenes aparecen igual.

Tema: El fantasma - Árbol
Ella en un colectivo interurbano. Está tirada contra el respaldo del asiento, con una mano bajo la nuca. Mira por la ventanilla ente interesada e inmune. Afuera pasa primero el último tramo de la ciudad que deja y después, fragmentos del trayecto que recorre.

Tema: Fisher - All I ask
Se encuentran. Ella baja, él la está esperando. La cinta pasa en cámara rápida y lenta siguiendo el tono del encuentro y el ritmo de la canción. Se miran y se frena el mundo. Él le toma la cara con las dos manos, ella se cuelga de sus omóplatos pasando sus brazos por debajo de los de él. Se miran, se besan, despacio. Un beso de reencuentro, profundo y cientos de besos por toda la cara, entre risas y abrazos y cosquillas, haciendo equilibrio con la mochila que ella dejó caer al piso.

Un par de flashes de una caminata juntos. Los dos tironeando de la mochila que no quieren que el otro cargue, juntos comiendo algo, llegando a su casa (la de él). Las caricias, la cercanía, los cuerpos cada vez más juntos... y funde a negro (porque estamos en horario atp).

Tema: Jorge Drexler - Me haces bien

Él la mira dormir. La contempla un ratito más, en la penumbra de la habitación. Después, un desayuno juntos, más charlas, más mimos, más miradas de esas que provocan envidia. Retazos de una mañana compartida juntos, en remeras, descalzos, despeinados, felices.

Ahora juego con vos.
Yo te propongo ésta canción...
vos contame la escena.

lunes, abril 06, 2009

Si yo fuera bufanda

Si leés el blog de David, se te pega el jueguito.

Te abrazaría cuando hace frío para darte calor.

Me pasaría horas prendida de tu cuello.

Tendría los flecos eternamente despeinados.

Te haría leves caricias en la espalda al caminar.

Algunas veces te agarraría el pelo suavemente.

Me darían ganas de abrigar tu boca un rato.

Si yo fuera bufanda sería compañera y colorinche y un poco rayada...

pero haría lo posible para nunca, nunca irritarte la piel.


jueves, febrero 26, 2009

Poder apreciarlo

Viste como es esto. Yo le regalé una canción que le gustó (bueno, ya le gustaba pero yo no sabía). Él, Uno, se inspiró y me regaló un texto a cambio de que yo le ponga la voz y la música. Me pareció tan lindo que ¿cómo resistirme a contar algo tan precioso?

Ahora te lo regalamos a vos.
Escuchalo. No te quedes sin el placer de Duo Coplanacu cantanto Mientras bailas


Poder apreciarlo, ver pequeñas luces juntas, titilan y se juntan, bailan, se mueven y despliegan la irresistible sensación de quedar pegado a su sonido.

Un café, dos o tres, anécdotas y de vuelta a empezar.
Dolor, fuerte olor a jazmín precipitan las lágrimas.
Sonrisas y recuerdos, montaña y riacho.
Letras sueltas, cortes, kilómetros y silencios, mientras tanto, mientras tanto se sigue bailando.

Tus pequeñas luces se agrandan casi como para pegarle a la luna, no hay más viento ya, sopla calmo, casi un desliz para dejarte ser, para saber que tu vestido también tiene que bailar.

Que perfectos ojos pequeña luz, que perfectos son cuando al cerrarse se transforman en ese gris que todas las flores merecen tener.

Yo te pido que sigas bailando, que tus volados no merecen dejar de moverse y que los que formamos el círculo alrededor tuyo no queremos dejar de hacerlo.

Que envidia siente el sol de no poder participar de tus vuelos, esta deseoso de que este baile se extienda hasta el amanecer para poder espiarte, verte bailar, verte bailar y bailar y...

Las luces del fogón se van apagando, aquellos del círculo se van yendo, yo me quedo mirándote, sonriendo, el viento invita a la retirada, la zamba sigue de fondo inquebrantable, seductora casi obligando a que tus caderas y tus brazos sigan bailando y soñando.

Mis ojos se cerraron para hacerme dormir, es casi imposible no seguir soñando.

miércoles, diciembre 03, 2008

Tic... tac


Cadena perpetua colectiva al encierro dinámico. Una sola cárcel con tres barrotes desiguales. Sólo tres vigas que se encuentran y se rechazan sin soltarse nunca. En su dominio las vidas transcurren al compás de un sonido rítmico, marcado. Movimientos prolijamente sincronizados aún cuando parecen aleatorios. Millones de seres humanos en cautiverio inconsciente.

Notas musicales deambulando por un pentagrama guiadas por el zumbido acentuado de un metrónomo, masas humanas que se aglomeran y se dispersan a medida que la tierra rota. Desplazamientos calculados para cumplir con lo pactado. Horas, minutos, segundos... Vivimos creyendo controlar el tiempo. Por eso insistimos, ingenuamente, en dotar a los relojes de engranajes que nos permitan controlar esos tres barrotes incapturables.

jueves, septiembre 25, 2008

Casi cualquier día

Y me siento bien, y estoy feliz,
y me canso, me aburro, me derrumbo.
Hablo acelerada y eufórica,
lloro sin razones evidentes,
me ilusiono, me asqueo, me calmo.
Canto, sonrío, me rasco la nariz.
Me miro en el espejo
¿me corto el pelo? lo dejo como está.
Pongo la pava al fuego:
¿café, mates?... mates.
¿Mates sola? y bueno, sola...
Pongo música, variada, mezclada.
Sigo con el ánimo la curva de los temas.
Me siento en el piso,
agacho la cabeza.
Pienso, replanteo, protesto,
pido, reconozco, admito.
Y otro mate, y me incorporo.
Salgo, camino, respiro hondo.
Y miro, distiendo, vuelvo.
Y pongo la pava al fuego
y me miro al espejo
y me siento en el piso
y hablo, lloro, canto y me canso.
Me acuesto, conjugo verbos
y me duermo

sábado, septiembre 13, 2008

Semáforo

Prometió bajarme la luna y le dije que bastaba con un terrón de azúcar, en vez de una ilusión imposible prefiero los cristales de una esperanza... verde esperanza ¿no?
Quiso dejarme las estrellas vistas desde abajo y pensé cuántas veces habría dicho lo mismo... ¿dudas? Celos amarillos.
Juró que todo lo anterior se desdibujaba y que ya no habría nada sin mí... ahogo, asfixia. Luz roja.

El semáforo de Junín y Urquiza ofreció orientarme en mis relaciones humanas. Le pregunté si podía ayudarme a decidir mis votos. Las luces hicieron un chispazo y se opacaron... ¿No pedís demasiado? Sonreí en un suspiro, le agradecí y seguí caminando.

Ok, no es el mejor post para publicar pero necesitaba cambiar el primer texto y no se me ocurrió nada mejor.
Es un texto viejo... al que le tengo afecto.

martes, agosto 26, 2008

Despertar

No es sencillo levantarse. Es un acto de voluntad. Significa romper el mundo plácido de los sueños y el reposo para reincorporarse a la realidad... La inercia nos puede, implica mucho esfuerzo vencer la quietud y la calma. Sin embargo, hay un momento puntual, definido, en el que uno siente que valió la pena el esfuerzo.

Justo después del tedio de abandonar el lecho y arroparnos de una u otra manera, llega el ritual de cada mañana. En mi caso, el momento de poner la pava al fuego, reunir en una taza los ingredientes del infaltable café de cada día y poner música.
No es un instante cualquiera, no simboliza otro eslabón en la cadena de actos rutinarios... elegir la primera canción del día es un ritual. En realidad, no se trata de elegir sino de descifrar.

Hay algo, un mecanismo particular que hace que cada mañana una canción me despierte. Aún en los peores despertares, en las jornadas que predecimos atiborradas de complicaciones, mi cerebro se escabulle de los enredos y se esconde en una canción por unos segundos.

Si soy capaz de detectar la melodía exacta que suena en mi interior en el instante previo a abrir los ojos y la escucho tomando mi café con leche (ése que tomo en mi taza especial, con mis pantuflas más cómodas y el pelo alborotado), si todas esas acciones cotidianas se conjugan, entonces, aunque más no sea por unos minutos, soy una persona feliz y estoy en calma.

Después el mundo puede arremeter, la tristeza puede encontrar la grieta en la muralla, puede el enojo crisparme los nervios o la ansiedad alterar mi respiración... durante todo un día sé a ciencia cierta que hay una canción en la que me voy a refugiar y que ese sonido en mi cabeza puede devolverme la calma.