Primero es el aroma. El vaho a pasto recientemente cortado que lo inunda todo. Después, el frescor ante los primeros pasos. Las plantas de los pies empiezan a teñirse de intenso color verde. El roce suave en la piel provoca cosquillas leves en el arco del pie y entre los dedos. El cuerpo entero agradece ese gesto que se siente como una conexión con el mundo todo.
Nadie conoce la frescura si no caminó con los pies desnudos sobre gramilla recién cortada.
