Sabía que contaba con vos. Sabía que esto de jugar un mundial es un trabajo de equipo y que los partidos se ganan entre todos. Lo que no sabía es que me iba a poner así de contenta con un juego compartido.
Por los votos, por el tiempo, por el mimo, por la diversión, por prenderte a patear centros o cabecear goles...
Aquí me tenés, irracionalmente infantil invitándote a jugar pero con cara de nena buena diciendo... ¿me votás?
Porque no jugaré nunca un mundial de nada. No seré medalla olímpica en remo ni campeona de fórmula uno. No recibiré un oscar ni un nobel, no me darán un tony ni un emmy pero yo sé que vos me vas a acompañar a los cuartos de final del mundial de afiches.
Gracias Lara por ponerle el tema justo a esta mañana.
La quiero como a poquitos humanos en este mundo. Es una de mis personas preferidas y la quiero todos los días aunque ahora estemos lejos y nos veamos tan poco y estemos vueltas locas de horarios y responsabilidades. La quiero en cada recuerdo de todo lo que compartimos, en cada charla de un ratito, en cada gesto, en esta actitud tan nuestra de saber que nos tenemos aunque los otros puedan no verlo. La quiero porque aparece un día y me confiesa que se está enamorando mientras yo me imagino esa sonrisa de nena que le ilumina el semblante y porque vuelve después a decirme que se despertó a las 4 y media de la mañana llena de angustia, sin saber qué hacer.
La quiero por escucharme cada vez, por sumarse a mis juegos infantiles aún sin saber de qué van, por entender que yo también, de a ratos, me sulfuro ante una histérica. La quiero por esa mujer preciosa que es y por cada abrazo y por las risas y las lágrimas y las noches y los días y los bailes y esa manía suya de dormir enroscándose a quien sea que duerma a su lado. La quiero cada mañana y cada tarde, en cada mate, de musculosa o con campera, trepada a sus tacos altísimos o paséandose en patas por el patio. La quiero cuando me tira su cartera que pesa toneladas pidiendo que la vacíe un poco para no reventar su columna o cuando abre mi cabeza como si fuese fácil y me ayuda a decir las palabras que me anudaban la espalda.
Yo la quiero. Entonces, es sólo lógico que tenga impulsos de pasarle por arriba con el auto al tipo que (quizás sin la menor intención), le da todos los motivos para despertarse a las 4 y media de la mañana envuelta en penas. Porque, es cierto, yo no entiendo muchas de sus actitudes como pareja pero resulta que, para cuidar no es necesario compartirlo todo. Se supone que si querés a alguien es porque te gusta esa persona. Se supone que cuidamos a quienes queremos. Porque, digámoslo como es, nadie te obliga a querer.
Si elegiste quererla, querela. Si elegiste quererla, cuidala.
Cuida de mis sueños, Cuida de mi vida. Cuida a quién te quiere, Cuida a quién te cuida.
No maltrates nunca mi fragilidad, Yo seré el abrazo que te alivia.
¿Viste cuando alguien hace mención a alguna actitud que le disgusta sobre manera? ¿Viste cuando reaccionás ante ese comentario? ¿Viste cuando te hacés cargo de una acusación que nadie formuló? ¿Viste cuando saltás como si se te mojaran las patas? ¿Viste cuando te ponés el saco?
Ella: ¡oh! te voy a matar con mi torpeza. Él: pero no, si sos delicada. Ella: ¿delicada como una florecilla del campo? Él: no Ella: ¿como una copa de cristal? Él: mmm, no Ella: ¿como una pantalla táctil? Él: ¡no! Ella: ... Él: sos delicada como... ¡un pony*!
¡Pero cuánta ternura!
* decía burro, tuve que corregir. En fin, culpemos a mi fiaca.
En otra demostración de mi destreza inusitada, enrosco mis propios dedos y la llave vuela, hace dos giros y cae tintineante al piso. Bufo y mientras me agacho para levantarla ella me dice alguien con ele piensa en vos. La miro (con expresión de searching), revolea los ojos (en gesto de todo te tengo que explicar) y aclara. Se te cayó la llave, empieza con ele, así que alguien cuyo nombre empieza con ele te está extrañando. Levanto la ceja izquierda. Mirá vos, pienso, las cosas que pasan en el mundo. El derrotero posterior de mi razonamiento es un juego divertido.
¿Cuáles son las cosas que se me caen con mayor frecuencia? Llave, celular, cigarrillo, encendedor, tenedor, cuchara, servilleta, lapicera. Debería, entonces, enamorarme perdidamente de algún muchacho llamado Lautaro o Camilo o Esteban o Tomás o Santiago, por ejemplo. Digamos, tengo que enfocar en nombres que empiecen con ele, ce, e, te, ese. De esa forma, todos los días podría convencerme a mi misma de que él me extraña. Es una gran estrategia.
Mentirle a los otros es una ardua labor.
Mentirse a uno mismo es un trabajo de tiempo completo.
Yo sé que soy imbancable, yo sé que te hice reír, yo sé soy insoportable pero alguien en el mundo piensa en mí.
Charly García Alguien en el mundo piensa en mí | Say no more
A veces olvido lo contundente que puedo sonar. Hasta que no aparece alguien menos acostumbrado a escucharme y se sorprende, no recuerdo que tengo una facilidad asombrosa para decir barbaridades y que, no sólo parezca que sé del tema, sino que suene a absoluta verdad lo que dije. Sí, sí. Soy capaz de hacer diagnósticos e indicar tratamiento y posología sin que me tiemble el pulso.
Hermana: ¿Qué tengo acá en la espalda?
Café: Es una etapa evolucionada de poros rebeldes. Tal cremita, dos veces por día, durante una semana.
No, o sí, depende... para algunas cosas soy sumamente intransigente y para otras, extremadamente tolerante.
Como nos pasa a todos, ¿no?
You got to know when to hold 'em, know when to fold 'em, Know when to walk away and know when to run. You never count your money when you're sittin' at the table. There'll be time enough for countin' when the dealin's done.
Ev'ry gambler knows that the secret to survivin' Is knowin' what to throw away and knowing what to keep. 'Cause ev'ry hand's a winner and ev'ry hand's a loser, And the best that you can hope for is to die in your sleep."