Es un gran alivio y una suerte enorme que nunca haya tenido propensión a los complejos y que haya dejado atrás la peligrosa edad en la que cualquier apreciación sobre mi apariencia podía poner en riesgo mi imagen de mi misma.
¡Es que hay personas que saben hacer comentarios muy graciosos sobre mi!
Estoy anonadada. En los últimos días, no sé si por la lupa con la que leo o porque los temas realmente se reiteran una y otra vez, me encontré en un punto entre el asombro, el desconcierto y la incredulidad leyendo algunos blogs. Tampoco sé si es porque el tópico es femenino, si es porque yo lo veo, indefectiblemente, desde mi lugar de mujer o si los hombres hacen menos públicas algunas batallas internas pero en todos los casos me descolocaron palabras de mujeres.
Descubro, entonces, que hay conceptos que no comprendo y, además, no comparto. No coincido desde el razonamiento lógico y pormenorizado de las palabras pero, antes que eso, disiento desde el estómago. Me provocan una sensación molesta de que algo no funciona. No desde mi perspectiva. De repente encuentro mucho odio a las ex, demasiada idealización del hombre perfecto que se convierte en el peor humano cuando se termina, mucha bronca con los amigos de la pareja, tanta aparición de 'dominante-dominado', alto índice de histeria, cantidad de acusaciones de víctima y victimario y enorme propensión a creer que el amor y el dolor van de la mano.
Es claro que yo no tengo mucha idea de cómo es esto de las parejas, es evidente que no tengo recetas válidas, sin embargo, como dije alguna vez, alguito aprendí. No creo en la falta de autocrítica, no creo en la fallas de un solo lado, no creo posible detestar a alguien después de haberlo amado, no creo en los manuales y no creo en las relaciones de poder en la pareja. Probablemente esté equivocada en muchas cosas pero si de algo me sirvieron mis historias anteriores fue para aprenderme a mi misma. Vale el dolor, vale la bronca del momento, valen el enojo y el desamor y el hastío. Valen siempre y cuando pasen.
Al fin y al cabo, sobrevivir es aprender y volver a intentar.
01 - Estoy furiosa. Tengo una mezcla de tristeza e instinto asesino difícil de precisar y me asombra que todavía haya temerarios que tiran de la soga cuando está evidentemente al borde de cortarse.
02 - Este fin de semana extendido con pronóstico primaveral y viaje de por medio no podía llegar en un momento más acertado.
03 - Cuando no estoy a un paso del ataque de ira o del llanto, me lo paso cantando, bailando, hablando pavadas y riendo a carcajadas.
04 - Si este año no se termina pronto voy a necesitar un abogado... o un psiquiatra.
05 - Una de las mejores cosas de los primeros días cálidos es que, de repente, tengo antojo de tomar helado... y los disfruto más que de costumbre.
06 - Una de las peores cosas de los primeros días cálidos es que no sé cómo calzarme. El tema ropa se soluciona con el método cebolla pero los pies son un problema para mí.
07 - Según Hermana, mi cabeza se ha convertido en un basurero capaz de contener cosas que ni siquiera podrían catalogarse como canciones.
08 - Ayer descubrí que hace días que la frase que más pronuncio es lo hago plata y me voy al Caribe... ¡estoy necesitando vacaciones!
Algunos días hago fuerza para creer que hay personas a las que les falta el don de la ubicación para no enfrentar la cruel realidad de reconocer que, simplemente, no tienen la virtud de la consideración.
Y nadie, pero nadie le da la edad que tiene. Desde que soy adolescente y le presto atención la gente sistemáticamente piensa que es mucho más joven. Y no es porque esté siempre vestida al último grito de la moda o porque tenga el pelo magnífico de peluquería y 'pastillas para fijar el color' (posta, casi me da un soponcio cuando escuché eso) o porque se haga la piba de manera forzada. No. Y mirá que de un tiempo a esta parte está divina y tiene toda ropa linda y el pelo arreglado y aritos pero no siempre fue así. Madre parece mucho menor propulsión a onda.
Usa internet y sus computadoras de manera que a vos, si a vos purrete-purreta nativo de la cibernética, usuario intuitivo, te pasaría el trapo. Se jacta de ser adicta a la tecnología pero es sólo muy aficionada. Tiene una facilidad increíble para hablar con la gente. Es así. Siempre encuentra una receta para conversar con una, un graciosísimo despotrique sobre deporte para reírse con el otro, una canción nueva para distraer el capricho de una criatura o una conversación de música o cine o series o lo-que-sea con el otro.
No, no... no es todo perfección. Se duerme mirando Matrix y afirma que 'es aburrida', detesta que alguien se lave los dientes en la pileta de la cocina, da batalla por cada caramelo de goma que haya dando vueltas y no le encuentra el chiste a tener una piscina en el patio. Pero cocina como los dioses, abraza como mamá gallina, está ahí para todo (no importa la hora, la distancia, la ingratitud de la compañía, nada de nada... si la necesitás, ella está seguro) y lleve las horas, las lágrimas o las sonrisas que lleve, siempre intenta charlar las cosas.
¿Sabés los párrafos que podría estar contando anécdotas? Son más de 27 años de historias compartidas, es toda su vida de ponerle el pecho a las cosas. Son lustros de amor y enojo y bronca y alegría y viajes y travesuras y retos y comidas especiales. No sé cómo se hace para ser mamá como Madre pero menos sé cómo se hace para ser mujer, para ser persona como Madre (y sí, ojalá algunas cosas me salgan como a ella y ojalá otras no porque, ¡ey!, de ella también aprendí que podemos despegarnos de algunas historias).
A ver, en serio, pensalo. No tiene ningún sentido. Si llegamos al punto en que me duele o me aleja o me asusta una actitud es porque vos, de hecho, la tuviste. Que yo sepa por experiencia previa o por iluminación divina que no soy capaz de convivir con eso es absolutamente anexo. De las muchas cosas que me duelen o me dañan, estamos planteando sólo aquella que se presentó. Entonces, el tema es entre vos y yo, los terceros o cuartos, anteriores o no, poco tienen que ver (poco más que haberme enseñado que eso jode).
Todos tenemos aprendidas un par de cosas de las relaciones humanas. Todos tuvimos y tenemos familias, amigos, ex amigos, compañeros, parejas e historias anteriores. Me conociste con todo un camino recorrido, eso no está en juego en ningún momento. Lo que va en la partida es si vamos o no a caminar juntos. Entonces, si dejaras de pensar en lo que me han hecho las personas que pasaron por mi vida antes, quizás tendrías más tiempo para conocer a esta que soy ahora y descubrir qué es lo que podemos ser de a dos. Si en vez de errores ajenos pudieras verlos como cicatrices o superaciones mías, quizás el enfoque sería otro.
No te culpo porque me lastimaron, te dejo ver dónde duele con la secreta ilusión de que prefieras no herirme.
Otra vez. Empezar otra vez. Volver a los horarios habituales, a los lugares de siempre, a la repetición de las semanas. No creas, no me disgusta, no reniego de mi rutina. El tema es que mis lugares parecen haberse desacostumbrado a mí. Exagerada, pensarás, fueron tres o cuatro días. Tenés razón, fueron pocas jornadas y sí, soy exagerada casi siempre. Sin embargo, la oficina está diferente, los papeles desorganizados, hay vasos apilados, las llaves se escondieron en el fondo de mi cartera y estuve un rato hurgando hasta alcanzarlas y la conexión no se resuelve a incorporarme. Volví pero no tengo msn y eso significa que el teléfono debería estar sonando pero no. Por alguna misteriosa razón el aparatejo no se anima a levantar la voz. Algo sucede. No sé qué es pero algo sucede. Temo que en un rato el mundo arremeta, por ahora estoy tranquila y tengo el mate recién preparado.
Puede parecer que no pero acá estoy, tomando mates.
(ah, sí, sí... la versión que quería no la encuentro porque la conexión anda como quiere pero bueno, vale igual)
Ya lo dije, soy auto referencial y precientífica. Por eso mis teorías son con manteca. Por eso las escribo en pantuflas. Porque de las muchas cosas que no soy, no ser intelectual me resulta cálido y confortable. Todo análisis de la realidad tiene sus límites, los míos encuentran el borde ahí donde dejan de ser algo que me ayude a mi para intentar imponerse a los demás. Entonces, después de tanta pregunta y tantas respuestas y porque varios de ustedes lo pidieron en el contexto del juego, les cuento un poco de que va la cosa.
En las relaciones con las demás personas, los seres humanos nos vamos adaptando y redefiniendo. El contacto y el intercambio con los demás nos muestran elementos que desconocíamos, del mundo y de nosotros mismos. Sin embargo, en un esfuerzo de introspección, todos deberíamos definir tres cosas que no somos capaces de tolerar, con las que no podemos convivir, que nos complican la vida mucho más de lo esperado y otras tres que nos hacen bien, que nos calman, que nos generan felicidad. También, y con sinceridad, tendríamos que nombrar tres cosas nuestras que no podemos cambiar. Por torpes, por incapaces, por tercos, por obstinados o porque estamos orgullosos de eso. El resto, todo lo que queda en el medio, es negociable. Oliverio lo dijo mucho antes y mucho mejor que yo cuando escribió "... no les perdono, bajo ningún pretexto, que no sepan volar".
La teoría de 'azul o celeste' es vieja y compartida. Surgió en una charla de vinos trasnochados con un amigo leyendo partes de una obra de teatro. Nosotros dos, que somos de esos que la mayor cantidad de veces escuchan, después de todo el derrotero de una conversación llegamos a un enunciado bastante simple que con los años fue tomando fuerza. Las personas que, ante ese planteo, prefieren el azul nos atraen y quienes eligen el celeste nos aburren mucho antes. Parece una pavada (de hecho, es probable que lo sea) pero los años le han jugado a favor.
Las preguntas polarizadas que nos ocuparon estos últimos días forman parte del juego de ir encontrando pistas en las personas que nos rodean. La realidad es que todos vamos seleccionando a aquellos que componen nuestra vida basándonos en criterios e indicios absolutamente parciales y subjetivos, en cosas que a ojos de los demás pueden ser estúpidas o infantiles o insuficientes pero que para nosotros no son menores. 'La vida es un cúmulo de detalles' no es sólo una frase en mi blog. Mi vida, de hecho, lo es. Entonces, era lógico que fuesen los detalles los que oficien de tamiz.
Los colores y las almohadas ayudan a delinear con qué personas podría tener una relación más o menos fluida y continuada. Cine, música, ropa y comida me dan pautas de qué tipo de contacto podría generarse y qué tan a gusto podría estar en la intimidad de un vínculo con el otro. La última, la histórica, la del amor juega a contarme qué tan determinante puede ser esa persona en su vida. Es una pregunta capciosa que no tiene respuesta clara, que juega con dos extremos que son, para mi, imposibles y que nos demuestra que tan categóricos podemos llegar a ser (o no).
Ahora bien, sinceramente hablando, todos esos juegos son divertidos pero insuficientes. Antes o después, con o sin preguntas, en la vida de carne y hueso o en la de unos y ceros, durante años o durante días la posibilidad de congeniar o no con otra persona se resume en otras dos preguntas, quizás las más polarizadas de todas.
¿Me hace bien o me hace mal? ¿Le hago bien o le hago mal?
Sería todo un detalle y todo un gesto, por tu parte, que coincidiésemos, te dejases convencer y fueses como yo siempre te imaginé.
A ver, cuando tenga un rato redacto algunas conclusiones de todas las respuestas. De momento, es sumamente interesante leerlas. No sé con exactitud qué dicen esas elecciones pero sí que algunas me llaman mucho la atención, otras me roban una sonrisa cómplice y otras me desorientan. Se viene la teoría con manteca, eso es claro. Hoy ya tendría que dejar de abusar y no preguntar más. Sin embargo, recordé una histórica, que hacíamos jugando con Hermana hace años atrás a casi todo el mundo. Una pregunta polarizada olvidada que me gustaría que me respondas. Eso sí, después, es tiempo de saldar deudas. Entonces, acepto una pregunta polarizada de cada uno. Planteá dos opciones, las que quieras y yo elijo una. Todas serán respondidas, todas con honestidad pero sólo la primera de cada comentario. Pregunto, después respondo.
¿No se puede vivir del amor o el amor es más fuerte?
Pensé seriamente en plantear diferentes preguntas para quienes prefieren azul y los que eligieron celeste pero no. Mejor, pongamos a prueba la teoría inicial. Los invito, otra vez, al juego. Como es posible que esté exagerando (porque soy curiosa) estoy pensando seriamente dar revancha. Ya veremos. Otra vez preguntas polarizadas. Cinco al hilo, una respuesta para cada una, ¿vamos?