miércoles, diciembre 31, 2008

Noches y lunas

Entre miércoles y jueves no cambia nuestra vida. Esta noche vieja y esa mañana nueva no suponen cambios automáticos en nuestro mundo. Sin embargo, vale (y cómo vale) sumarse una vez más al festejo. Dejar en la puerta las penas y las tristezas por un rato y sentarnos a una mesa rodeada de gente que queremos. Mucha o poca, no es cuestión de cantidad. La idea es no sea una cena más.

Una reunión con amigos, un encuentro de familia, una cena en pareja. Sea como sea que prefieras empezar este año nuevo ojalá se te pinten muchas sonrisas con el correr de las horas. Y brindemos pero no porque lo dice la tradición. Brindemos porque siempre hay razones para levantar la copa, para festejar, para agradecer y para disculpar, dejar atrás y superar.

Vení, bailemos este día y esta noche (y todos los días y todas las noches) con los mejores deseos que puedo regalarte.



Que el maquillaje no apague tu risa,
que el equipaje no lastre tus alas,
que el calendario no venga con prisas,
que el diccionario detenga las balas,
Que las persianas corrijan la aurora,
que gane el quiero la guerra del puedo,
que los que esperan no cuenten las horas,
que los que matan se mueran de miedo.
Que el fin del mundo te pille bailando,
que el escenario me tiña las canas,
que nunca sepas ni cómo, ni cuándo,
ni ciento volando, ni ayer ni mañana
Que el corazón no se pase de moda,
que los otoños te doren la piel,
que cada noche sea noche de bodas,
que no se ponga la luna de miel.
Que todas las noches sean noches de boda,
que todas las lunas sean lunas de miel.
Que las verdades no tengan complejos,
que las mentiras parezcan mentira,
que no te den la razón los espejos,
que te aproveche mirar lo que miras.
Que no se ocupe de tí el desamparo,
que cada cena sea tu última cena,
que ser valiente no salga tan caro,
que ser cobarde no valga la pena.
Que no te compren por menos de nada,
que no te vendan amor sin espinas,
que no te duerman con cuentos de hadas,
que no te cierren el bar de la esquina.
Que el corazón no se pase de moda,
que los otoños te doren la piel,
que cada noche sea noche de bodas,
que no se ponga la luna de miel.
Que todas las noches sean noches de boda,
que todas las lunas sean lunas de miel.

Joaquín Sabina
Noches de boda | 19 días y 500 noches

martes, diciembre 30, 2008

Pica

Juguemos como cuando éramos chicos. Juguemos al ladrón y al policía, a corrernos por todos lados y volver al refugio de la casa. Vení a treparte conmigo a un subibaja y divertirnos con las idas y vueltas sabiendo que estamos en el mismo banco. Juguemos al memotest, a dar vueltas fichas iguales en una vuelta y diferentes en la otra y reirnos como locos cada vez. Vení a jugar al dígalo con mímica hasta nombrarnos y al pictionary, a dibujarnos esta historia en la piel, entre los lunares y las cicatrices y el filo de los huesos y cada una de las líneas de nuestro pellejo. Dale, vení. Juguemos a la escondida, al desafío de escondernos y buscarnos por el milagro de encontrarnos.



Quiero dejar todas las palomas
en el cetro de tu alma
y todo el beso en tus pies
que dejes de mirarme burlón,
se que te estoy dando poco,
y mucho te pediré.

Se la nube sola en mi pradera,
seré tu querido verde,
y seras sombra en mi mitad,
y si ves que mi verde se quema,
llueve tu llorosa pena,
y el verde nuevo se hará.

Y que no te vayas un Febrero,
detrás de aquella bandada,
azabache hacia, el pinar,
Quiero ser también dueña del cielo,
y un pinar, pero es preciso,
y que me enseñes a volar.


Hazte sol cercano en la distancia,
hazte en el recuerdo un leño,
y quemate en mi interior,
no quiero tener más noches frias,
ni poder tan solo en sueños,
despertame junto a vos.

Que tengamos alrededor nuestro,
quien berre nuestros nombres,
y mucha sombra por dar,
cuando llegemos a la tierra,
unete conmigo en savia,
así haremos sombra igual

Jorge Fandermole
Canción del pinar | Los trabajos y los días

lunes, diciembre 29, 2008

Sanar

Ya hablé de recuerdos, de cicatrices, de historias que marcan (que me marcaron), de cómo las personas que pasaron por mi vida me modificaron, de cómo quienes comparten mis días de alguna forma me transforman y cambian como consecuencia de ese vínculo que nos une. Ya conté mi versión de algunos de los hombres que pasaron por mi, por toda esta persona que soy.

Hay algunos de esos relatos que todavía no encuentran palabras. Un par de esos pasados que no terminan de quedarse atrás, que no dejan de doler un poco de tanto en vez, que no cesan en su manía de quedarse, cual espina, lastimando la planta del pie en cada paso. Diferencias, errores, palabras calladas, acciones no concretadas que no logran correrse del medio del camino.

Soy de las personas que prefieren sufrir los dolores. Enfrentarse, eventualmente, a las penas, a las decisiones discutibles, a las actitudes ajenas que lastimaron y ponerlas en perspectiva. Si dependiera de perdonar esas historias estarían cerradas pero, en realidad, necesito reconciliarme con las situaciones pasadas y mirarlas sanamente. Algunas veces lo logro asombrosamente rápido, otras llevan años.

Ayer descubrí que estoy encontrando la distancia exacta para reconciliarme con una de mis historias. Quizás la relación de a dos que más me marcara. Quizás sólo otra de esas personas que me modificaron. Me queda un proceso intenso y probablemente lleno de lágrimas que terminará en sonrisa. Las conclusiones llegarán después. Por ahora queda la calma.


domingo, diciembre 28, 2008

Máxima arbitraria 21



Cuando te morís de ganas de perderte en su abrazo y desconectar del mundo pero sabés que no es posible te invade una sensación de profunda soledad.

Cosa 'e mandinga

En el séptimo día dios descansó y satán aprovechó el descuido para plantar higueras en el jardín del edén y en el mundo todo. Una vez creados los higos se tiró a hacer la plancha*.

Acababa de garantizarse un pecado capital por cada alma (y la muerte por shock hiperglucémico del portador).




* de ahí la famosa expresión "rascarse el higo"

sábado, diciembre 27, 2008

Toda una vida

El valor de la palabra, la importancia de decir lo que se piensa y hacer lo que se dice, la fuerza del empeño, el alcance de la constancia, la solidez de las ideas seleccionadas, la prepotencia del trabajo, el valor de escuchar, la fuerza para opinar, el aval de la memoria, la entereza de la verdad, la tranquilidad de buscarnos nuestros lugares, el respaldo de un hogar, el empuje de los objetivos más allá de uno mismo, el encanto de aprender y el valor de saber.

De mi padre heredé genes pero, fundamentalmente, compartí historia, descubrí criterios, incorporé conceptos. No todos los que él tiene para enseñar pero muchos de los que me hacen esta persona que soy. De todas las cosas, lo mejor es que recibí amor.

Toneladas de amor disfrazado de papas rejilla, de horas de viaje, de paisajes impagables, de frutas bajadas de los árboles, de piedras sacadas del fondo de los ríos y los lagos, de piraguas y remos, de cañitas de pescar improvisadas y lobrices y mojarritas, de libros y música, de espacio, de respeto por las decisiones propias, de explicaciones válidas para cada opción, de charlas y debates, de enojos y discusiones, de cosquillas con la barba en las manos para despertarme, de tostadas con dulces, de chacareras cantadas y bailadas, de zambas con su voz hermosa, de pensar y descubrir secretos en las letras de las canciones y abrazos con espaldas rascadas y series con cerveza y maníes y tantas, tantísimas otras cosas que llenaron nuestros ratos compartidos a lo largo de todos estos años.




Hoy papi cumple años.
Hoy desayunamos como él merece.

(y la banda de sonido fue su zamba preferida)

viernes, diciembre 26, 2008

Amanecer

Un rincón nuevo. Una mermelada más en la mesa de estos desayunos. Un instante brevísimo para redescubrir la hermosura. La vida es un cúmulo de detalles, las pequeñas cosas que suceden entre dos grandes momentos son nuestros días y nuestras horas y nuestros lugares y nuestros afectos. Te pido que te tomes un café conmigo y compartas algunas de las cosas que valen la pena para mí.
Nadie conoce la belleza si no vio el sol salir sobre un campo de girasoles florecidos


miércoles, diciembre 24, 2008

Llenar de luz la oscuridad

Y no hay mesa de grandes y chicos ni mimejorpollera ni criaturas corriendo ni adultos debatiendo ni cena multitudinaria ni rebatiña de garrapiñada ni copas trasnochadas ni reguero de botellas vacías.

Este año estuvo, todavía está, plagado de planes que cambian a último momento, de encuentros que se desarman, de reuniones que se desintegran, de momentos que se postergan, de tiempos que no acompañan. Son demasiados días de imposibilidad de encontrar los espacios que necesito.

Esta noche es nochebuena. Podría ser una noche cualquiera pero el feriado y la tradición indican que no es así. Dice la leyenda que el 24 de diciembre de cada año nos juntamos todos y somos felices y levemente borrachos por un par de horas.

Y cantamos y bailamos y brindamos y nos abrazamos y decimos mil veces cuánto nos adoramos y lo mucho que nos extrañamos y las ganas de encontrarnos más seguido y nos reímos a carcajadas y nos queremos, tanto.

Esta noche podría ser una noche cualquiera pero no lo es.
Entonces levanto la vista, sonrío y te invito a bailar.



martes, diciembre 23, 2008

Una silla eléctrica, por favor

Hace todo el día que me hago la guapa. Pienso, ya lo voy a superar, no es tan grave, en un rato se me pasa, es cuestión de pensar en otra cosa y así.

Llevo horas intentando sobreponerme a esta mala jugada de mi cabeza. No lo logro. Probé todas las técnicas que conozco para enfrentar estas etapas. Intenté con buena música, traté de ignorar el tema, jugué a la superada. Todo en vano.

Mis malditas neuronas llevan horas meneándose con ésto.



Merezco la muerte.

No es no

Prácticamente no nos conocemos. Una amiga generó un momento impresentable de ay, yo quería que ustedes se conozcan y se casen. Yo afirmé, con cara de no me jodan, es el alcohol el que habla. Conseguiste mi teléfono. Me mandás un mensaje para cenar. Respondo no. Me mandás un mensaje para almorzar. Respondo no. Me mandás otro mensaje para cenar. No respondo.

Entonces, que vayas a pedirle a ella que me pregunte por qué no te contesté... está de más (y te deja mal parado)