miércoles, febrero 10, 2010

Final del día

Llego extenuada, ¿no?. Ni siquiera podría decir por qué, dale, está empezando el año y no ha sido un día de tan ardua labor como para que amerite el cansancio. Sin embargo, estoy cansada y pasada de revoluciones. Entro a la casa de Madre cargada de cosas, hablando por celular, haciendo malabares para abrir la puerta, tirando en cuanta silla encuentre a mi paso cartera, maletín, bolsa, bolsita y llaves. Apuro la charla. Sí, sí, muchas gracias, mañana lo vemos, dale, un beso, chauchau. Corto. Dejo el teléfono en cualquier rincón. Un paso más adelante me encuentro con Madre terminando el día tirada en el sillón, mirando tele y empezando un tejido bonito para alguna de las criaturas de la familia. Me mira desde atrás de una sonrisa enorme. Estoy agotada, ma. Se te nota. Date un chapuzón que hasta hace un rato estuve haciéndole terapia a la pileta y está preciosa. Me quedo inmóvil, como intentando pensar. Dale, andá, andá ya. Mientras termina la frase me bajo de las sandalias, me saco el vestido que me había puesto más de doce horas antes. Después, abro la puerta, casi corro unos diez pasos, pongo el pie izquierdo en el primer escalón y me zambullo de repente. Listo. Todo se calla, el mundo desaparece. Sólo quedamos el agua, el cielo infinitamente estrellado y yo nadando y flotando y haciendo intentos de roles y verticales mientras la gata me mira sin terminar de entender.

Hay algo más relajante que el agua...
meterte al agua en una casa que te da paz sabiendo que alguien te cuida.


martes, febrero 09, 2010

Mesa de juego

Nos reímos, nos chicaneamos, nos ayudamos, nos festejamos. En algún momento, no recuerdo exactamente por qué, suelto una frase a modo de excusa.

Café: y bueno, es que tengo que esmerarme. Mirá lo que es esta mesa, estoy sola entre cuatro masculinos.

Hijo de Amigo: y sí, somos cuatro masculinos y una mujer que fuma.

Y sentí antojo de ser capaz de escribir una obra de teatro, una película, una novela o, al menos, un cuento merecedor de tan buen título.

lunes, febrero 08, 2010

Laberintos de letras

Es que las mujeres tenemos esa particular capacidad de estar en tres conversaciones cruzadas al mismo tiempo y hablar en simultáneo y mezclar mapas de rutas con teorías de viernes santos e historias de celos y que todas sepamos, casi exactamente, en qué punto está cada charla.

Escuchadas desde afuera parece un despropósito. Una superposición desquiciada de voces que opinan, que cuentan, que comentan, que preguntan. No es fácil encontrarle el sentido. No es sencillo aprender a distinguir palabras en los sonidos pero cuando lo lográs, cuando finalmente detectás oraciones en el cúmulo de voces tu cabeza cambia.

¿Te acordás cuando estaban de moda los dibujos esos en 3 dimensiones? Era una página con una reiteración de imágenes colorinches, con una especie de patrón pero sin encanto. Venía con instrucciones. Mirá no sé cómo, poné los ojos así, interponé la página no sé cuándo. Te llevó un rato, unos cuantos intentos hasta que, de repente, un elefante saltó de la hoja y ya no pudiste dejar de verlo. Y en la siguiente encontraste una casa y así.

Descubrir los diálogos superpuestos de seis mujeres parlanchinas es como esa clase de matemática general en la que finalmente descubriste qué era y para qué servía la trigonometría. Abstracto, difícil, complejo, casi imposible hasta que la ficha cae. Listo, no hay marcha atrás. Tu vida de todos los días acaba de dar un vuelco.

Creeme, la dinámica de los múltiples diálogos femeninos es un misterio que vale la pena descubrir.

domingo, febrero 07, 2010

Genética de los piropos

Según fuentes oficiales Hermana ha dicho cosas como:
Sos más lindo que la cinta scotch.
Sos más lindo que una tostada.

Es sabido que yo he dicho cosas como:
Sos más lindo que sábanas recién lavadas.
Sos más lindo que tomar mates viajando.

Parece que esto de los halagos personalizados corre en la familia.

viernes, febrero 05, 2010

Esgunfiada

No es así, chicas, chicos, se los pido por favor. No me copa la gente que se las tira de border, las personas que necesitan ser diferentes para sentirse especiales, no me van las grandes declaraciones en tipografía bold de los problemas mentales que (admitámoslo ya) no tenés.

Existe gente que tiene que vivir todos los días de su vida con un trastorno real, que lo sufre, que lo padece y que, de una u otra forma, encuentra la manera de seguir con su propia historia. Esas personas cuentan cosas, hablan de sí y de su vida. A veces le ponen diagnóstico, otras no, no importa. No las define su realidad, a lo sumo las condiciona.

Ahora, si entrás proclamando tu personalidad límite, si andás por la vida usando términos clínicos estrambóticos para demostrar lo outsider que sos, si te hacés... se nota. No, no sos bipolar, no sos loca, no sos copado, sos irrespetuoso, insensible y un poquito pelotuda.

Y, por favor, andá a ser todo eso lejos mío.

Culpables

Crecemos, es inevitable. Cambiamos, es loable. Claro, no siempre nos sale como nos gustaría ni la parte de crecer ni la de cambiar. Yo, por ejemplo, siento que con el tiempo fui ganando cosas buenas y también las he perdido. Hay una o dos, por ejemplo, que en determinados días extraño mucho.

Podría poner cualquier otro factor. Sugerir que se fueron con la convertibilidad, con el cambio de carrera, con el pelo corto o con cualquiera de esas cosas que sucedieron más o menos en simultáneo. Sin embargo, puesta a elegir, yo culpo a mis 20 años.

¿Vos, a qué edad acusás de las partes de tu personalidad que extrañas?



Is it getting better
Or do you feel the same
Will it make it easier on you now
You got someone to blame

U2
One | Achtung baby

jueves, febrero 04, 2010

Nominación

Yo no sé quién inventó la piel pero, sea quien sea, merece un nobel, un oscar, un tony, un emmy, un grammy, un globo de oro, un martín fierro, un águila patagónica y así, uno de cada uno de los premios inventados por el ser humano.





Menos es inaceptable.

miércoles, febrero 03, 2010

Regresos cíclicos

Todavía escucho, por momentos, el sonido de río cuesta abajo, todavía conservo la sensación de las piedras o la arena contra la planta de los pies, todavía tengo impulsos de jugar a algo todo el tiempo pero mi cabeza está definitivamente de regreso. Y vuelvo a activar el despertador y vuelvo a postergar el desayuno un rato más y vuelvo a leer noticias y vuelvo a debatir de grandes temas en dos volúmenes y vuelvo a saltar de la cama antes de que me invadan las ganas de bailar acostada la canción del día.

Tengo en la punta de los dedos una pila de recuerdos y de anécdotas y de momentos preciosos por relatar. Tengo impregnadas en el interior de los párpados secuencias de escenas preciosas y felices. Tengo en el borde de los hombros y entre los omóplatos dieciséis días de risas y caminatas y abrazos. Están ahí, haciéndome compañía y llenándome de ganas y acumulando antojos. Bienvenidas sean.

Lo mejor de tener enormes ansias es la certeza, al concretarlas, de que no cambiaríamos ese momento por nada del mundo.



volvé a tu casa cuando quieras
siempre te esperan a cenar
buscando hacer pasar el tiempo
extraño el tono de su voz
creí que estaba solo y no era cierto
en este desierto sin velocidad
no te preocupes, no vuelvo hasta mañana
adonde siempre me tengo que encontrar
no queda otra que tirarnos en el pasto
sin que nadie nos moleste, no me quiero despertar
pensé que estaba solo y no era cierto
si tengo con quien quedarme a festejar
a cada uno le debe tener que tocar
como una etapa de arrepentimiento
a cada uno le debe tener que tocar
por qué te matan en tan poco tiempo

NTVG
No era cierto | Sólo de noche

martes, febrero 02, 2010

Compinches

De las muchas cosas que nos hacen personas sociales, que nos enseñan a formar parte de un grupo, que nos convierten en seres capaces de compartir hay un conocimiento fundamental. Esa noción de que los espacios y las relaciones se construyen en base a méritos propios se aprende mejor y más rápido en las rondas de club cuando somos pibes.

Ahí nos encontramos cara a cara con la justicia de los iguales.

lunes, febrero 01, 2010

Despacito

Volví. En realidad estoy volviendo (que no es lo mismo pero es igual). Estoy acá retomando la habitualidades de mi rutina, reviviendo mis acciones cotidianas. No me malinterpretes, no reniego de mi vida de todos los días, no detesto ni sufro el devenir de mis jornadas es sólo que no soy una de esas personas que se cansan de las vacaciones. El tiempo de ocio, la falta de horarios establecidos, la ausencia de presiones, el placer de la buena compañía, las horas de juegos y risas, los desayunos eternos a las 12 del día (como muy temprano), todas cosas que me sientan de maravillas, que me hacen bien, que me alivian el cuerpo y me alegran el ánimo. Volví. En realidad estoy volviendo. No habré regresado oficialmente hasta que no encuentre el modo de responder, otra vez, una duda fundamental.

¿Por qué era que los humanos usábamos calzado y cumplíamos horarios?